Furia archivística: una conversación con archivos trans, travesti y cuir

Desde la ternura, amistad y cuidado, una creciente ola de proyectos archivísticos en América Latina y el Caribe desafía los modos hegemónicos de narrar la historia y comprender el presente desde cuerpos y memorias en revuelta.
Alma Violeta (derecha) con amigos en Tegucigalpa. Violeta fue pionera en la creación de espacios trans en Honduras en la década de 1970, fecha desconocida. (ARCHIVO HONDURAS CUIR)

Este artículo fue publicado en inglés en la edición de primavera de 2025 de nuestra revista trimestal NACLA Report.


En septiembre de 2024, el I Congreso Latinoamericano de Archivos Trans reunió de forma virtual a diversos proyectos y personas activistas y académicas de toda la región. Impulsado por el Archivo de la Memoria Trans de Argentina y el Museo Bajubá de Brasil, el evento de dos días consistió en presentaciones de unos 20 proyectos de memoria trans y módulos técnicos sobre preservación y archivística. El congreso fue un hito importante que no solo promovió la visibilidad de luchas trans en América Latina, sino también fomentó redes colaborativas.

Como evidenció el congreso, existe en América Latina y el Caribe una creciente ola de proyectos archivísticos que cuestionan las estructuras de poder en torno a la memoria, desestabilizan las narrativas lineales de las transiciones democráticas y profundizan el debate sobre quién posee el poder de constituir archivos. En el contexto del impulso actual de las políticas trans, travesti y cuir, esta tendencia archivística es parte de una disrupción radical más amplia de los modos hegemónicos de narrar la historia, reorganizar el tiempo y comprender el presente

Así, la furia se transforma en una praxis archivística que enlaza memorias y fomenta diálogos con imaginaciones políticas y creativas alternativas presentes en el archivo, con el fin de ampliar los horizontes de la memoria y el archivo. Estos proyectos no solo desafían las lógicas archivísticas y narrativas hegemónicas, sino que también se consolidan como repertorios creativos de organización política y social, donde los saberes insurgentes reescriben el presente desde cuerpos y memorias en revuelta. Al hacerlo, proponen una relación crítica con el Estado y con las nociones de progreso basadas en derechos universales LGBT+, desarrollando formas alternativas de recordar y de hacer presentes a quienes ya no están. En su búsqueda por la verdad histórica, evitan reducir las vidas trans, travesti y cuir al binómio violencia/muerte, entendiendo la búsqueda por verdad histórica como práctica de ternura, amistad y cuidado. Así, la furia se transforma en una praxis archivística que enlaza memorias y fomenta diálogos con imaginaciones políticas y creativas alternativas presentes en el archivo, con el fin de ampliar los horizontes de la memoria y el archivo.

En este marco, invitamos a cinco participantes de archivos comunitarios, de distintos países y de diversas etapas de desarrollo, a dialogar sobre sus prácticas, destacando su dimensión política cotidiana. Aldri Covarrubias es gestor del Archivo de la Memoria Transmasculina México y del Club Social de Memoria, proyectos que buscan registrar, promover y gestionar espacios para las transmasculinidades en México. Denis Rivera es creador de DR Queer Memories, una cuenta de Instagram lanzada en 2021 ante la ausencia de un archivo LGBTQ en la República Dominicana. Angel Natan, o Nati, es coordinadora del Acervo Bajubá en São Paulo, que registra memorias de las comunidades LGBT+ de Brasil. María Belén Correa es fundadora y directora del Archivo de la Memoria Trans Argentina. Finalmente, Nahil Zerón es integrante del archivo Honduras Cuir que busca visibilizar y reivindicar existencias trans desde Honduras.

Este diálogo destaca la amplitud de prácticas, materiales, aproximaciones, e interrogativos que nos ofrecen los archivos travesti, trans y cuir. Las conversaciones se realizaron entre octubre y noviembre de 2024, facilitadas por Yuri Fraccaroli, integrante del archivo Acervo Bajubá, y Cole Rizki, el editor invitado de este número del NACLA Report. Como parte de la dinámica de conversación, pedimos a los archivos que trajeran dos piezas para ejemplificar parte del trabajo que realizan y las materialidades que constituyen sus respectivos archivos.

Esta entrevista ha sido editada para mayor extensión y claridad.


Yuri Fraccaroli: Quiero comenzar agradeciendo a Cole Rizki por la invitación y extender nuestro agradecimiento por la presencia de quienes conforman esta mesa y por su disposición a compartir sus experiencias y prácticas políticas/archivísticas. Como persona investigadora y participante del Acervo Bajubá, en Brasil, me siento muy feliz y honrade de coordinar este espacio de diálogo y escuchar sus experiencias. Para abrir la conversación, ¿pueden hablarnos del colectivo al que pertenecen y desde qué país o región trabajan? ¿Quiénes participan? ¿Qué incluye su archivo y qué les motivó a formar parte de esta iniciativa?

Aldri Covarrubias (AC): Durante más de un año, desde el Archivo de la Memoria Transmasculina México y el Club Social de Memoria hemos recopilado materiales sobre experiencias transmasculinas en México y otros países hispanohablantes, incluyendo libros, documentos, fotografías, prendas, canciones, videos y stickers. Somos un proyecto autogestivo con recursos limitados, sustentado por nuestro esfuerzo colectivo. La iniciativa nació de mi inquietud por conectar con otres como nosotres, lo que me llevó a capacitarme en la gestión y acceso a materiales esenciales para las transmasculinidades.

También investigamos en otros archivos para construir genealogías que incluyan perfiles de transmasculinidades y sus aportes en México, además de registros históricos que reinterpretamos como expresiones de transmasculinidad. Reivindicamos nuestra presencia en genealogías de masculinidades no hegemónicas, como lo machorro, lo lesbiano y otras masculinidades feminizadas. Nuestra labor rescata y visibiliza estos legados, subrayando su relevancia actual y creando un acervo que refleja las diversas formas de vivir y pensar la transmasculinidad.

Denis Rivera (DR): La motivación para crear DR Queer Memories surgió en medio de la pandemia, durante una propuesta de reforma al Código Penal que buscaba eliminar el único artículo que penaliza la discriminación por orientación sexual. Este contexto generó movilizaciones masivas de la comunidad, con una fuerte interseccionalidad entre distintas causas. Al conectar con personas más jóvenes, me impactó su desconocimiento sobre la historia LGBTQ en el país. Comprendí la necesidad de un espacio accesible para preservar y compartir nuestras memorias.

Aunque en República Dominicana hay colectivos con archivos independientes, falta un proyecto organizado. Así nació la cuenta en Instagram, donde comparto fotos y videos recopilados desde hace años. El proyecto ha crecido colaborativamente, con materiales que la comunidad me envía, pero sigo gestionándolo de manera individual. Aunque tiene apenas tres años, estoy trabajando para estructurarlo mejor y reducir la dependencia de Instagram, dado el riesgo de perder la información allí almacenada. Mi objetivo es documentar cronológicamente eventos y actividades relevantes, creando un archivo vivo que visibilice nuestra historia y movilización comunitaria.

Angel Natan (AN): Fundado en 2010 por Remom Bortolozzi en Brasilia, el Acervo Bajubá reúne unas 10,000 piezas que incluyen documentos, recortes de prensa sobre VIH/SIDA, revistas pornográficas, flyers, postales, obras de arte y fotografías, reflejando la diversidad de lo producido por y sobre la comunidad LGBT. Desde 2020 contamos con un espacio físico para conservar estos materiales y ofrecerlos para consultas académicas y no académicas. Aunque somos solo cuatro personas en el equipo, con apoyo de voluntaries, seguimos siendo un proyecto comunitario con recursos limitados. Cuando conseguimos financiamiento, lo destinamos a talleres, charlas u otras actividades que apoyan el proyecto.

El Acervo no solo preserva materiales, sino que también crea un espacio de aprendizaje y colaboración, demostrando que la memoria LGBT es un recurso invaluable para la historia y la sociedad. Me acerqué al Acervo en 2020, mientras estudiaba conservación y restauración, buscando contacto con materiales históricos. Esta experiencia transformó mi perspectiva: pasé de un enfoque profesional e institucional a comprender la importancia del trabajo comunitario y su impacto en la memoria colectiva. El Acervo no solo preserva materiales, sino que también crea un espacio de aprendizaje y colaboración, demostrando que la memoria LGBT es un recurso invaluable para la historia y la sociedad.

María Belén Correa: El Archivo de la Memoria Trans Argentina comenzó en 2012, impulsado por dos hechos históricos: la sanción de la Ley de Identidad de Género y el fallecimiento de Claudia Pía Baudracco, compañera activista y coleccionista. Tras su muerte, su colección de fotos, cartas y postales pasó a mis manos, revelando el potencial de ese material. Desde el extranjero, conceptualicé el archivo como un espacio histórico inspirado en los archivos argentinos de memoria. Adoptamos el nombre Archivo de la Memoria Trans y, debido a que inspiró iniciativas en otros países, añadimos Argentina para evitar confusiones.

En estos 12 años, el archivo se ha consolidado en la historia archivística de Argentina y América Latina, colaborando con archivos trans de la región y fortaleciendo sus capacidades a través de capacitaciones y encuentros, como el Congreso de Archivos Trans realizado en septiembre. Comenzamos con el esfuerzo voluntario de dos o tres personas, creciendo gracias a presentaciones, exposiciones y programas de financiamiento hasta contar hoy con 14 integrantes. Entre ellas, seis son mujeres trans adultas mayores capacitadas en alfabetización digital y teoría archivística. Este proceso, guiado por dos profesoras, ha sido fundamental para nuestra práctica. Actualmente, el archivo alberga entre 60 y 65 acervos con cerca de 25,000 documentos, incluyendo cartas, postales, negativos, VHS y películas, recolectados mediante colecciones, compras y donaciones.

Nahil Zerón: Muchas gracias por la invitación desde Centroamérica, un territorio que aún necesita ser nombrado y reconocido en la historia. Honduras Queer surge con Abigail, una compañera trans que nos encontró con más de 3,000 fotografías de los años 1970 y 1980, lo que nos llevó a explorar también el siglo XX. Aunque oficialmente el archivo nace en 2022, siempre decimos que su origen está en los años 70 con la cámara de Abigail. Ella fotografiaba a sus compañeras y a sí misma en el ejercicio del trabajo sexual, dejando un registro invaluable, especialmente porque muchas de las personas retratadas fueron asesinadas. Estas imágenes confrontan cómo nuestras corporalidades han sido vistas como sinónimo de muerte, en un contexto donde los registros mediáticos no dignificaban nuestras identidades ni nuestras historias.

Honduras regresa a la “democracia” en 1982, y es allí donde nacen estas fotografías que nos acercan a historias y lugares como Comayagüela. Designada como pueblo de indios en la colonia, arrastra una lógica de marginalización. Allí, Abigail capturó vivencias únicas en espacios relegados, que reflejan resistencias cotidianas fuera del orden impuesto por el Estado-nación. Contamos con la valiosa contribución del Archivo de la Memoria Trans de Argentina, que nos orientó en los primeros pasos hacia la restauración de estas fotografías. A partir de ahí, comenzamos a construir el archivo: un espacio que reúne no solo fotografías, sino también testimonios, cartas, fuentes hemerográficas, caricaturas y más.

"Una feliz hondureña regresa convertida en una bella mujer ". Un recorte del periódico de La Tribuna de 1997 relata la historia de Sigfrida Chantal, quien se sometió a una cirugía de transición en los Estados Unidos. (ARCHIVO HONDURAS CUIR)

YF: Nahil, has mencionado el contexto de triunviratos militares y la redemocratización, resaltando esta idea de “democracia” entre comillas. En este sentido, quisiera preguntarles: ¿Cómo se vincula su archivo con las nociones de verdad, memoria y justicia? En contextos post-dictatoriales o de conflicto armado, y en medio de cuestionamientos sobre el alcance real de la democracia, los archivos a menudo se convierten en herramientas clave para disputar narrativas oficiales y exigir reparación. ¿Cómo se refleja esto en su archivo y en los materiales que conservan?

NZ: En 2009, Honduras vivió el primer golpe de Estado del siglo XXI, con muchas muertes. Una de las primeras víctimas fue una mujer trans, algo que documentó la organización Cattrachas, de la cual fui parte. En seis meses, 15 mujeres trans fueron asesinadas durante el golpe. Fue ahí cuando empezamos a pensar en categorías de verdad, justicia y memoria para las personas LGBTI en Honduras.

Para muchos, fue un antes y un después; pero al mirar el Archivo Honduras Cuir, nos dimos cuenta de que ya había personas trabajando en esto desde los años 70, en los mismos contextos. Ahí encontramos a Sigfrida Chantal, quien, según los registros, fue la primera mujer trans en Centroamérica en hacerse una operación en Estados Unidos.

Traje una nota periodística de 1997 que marcó este descubrimiento. En ella, se lee cómo Sigfrida Chantal obtuvo su tarjeta de identidad como mujer, afirmando sentirse “emocionada, tranquila, serena, respetada y llamada como toda una dama honorable”. Este documento es clave porque da indicios de que logró el cambio en su identidad, algo que hoy está prohibido, pero que en algún momento fue posible. Sigfrida también desafió al Estado de Honduras, demandando ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por sus derechos como mujer trans. Pero, lamentablemente, fue asesinada poco después.

Ahora estamos investigando si logró el cambio de su identidad en el Registro Nacional de las Personas, porque encontramos una noticia que sugiere que sí lo hizo. Si es cierto, sería un antecedente importante, porque lo que hoy está prohibido, alguna vez fue posible, y entender cómo se logró ese cambio es fundamental. En las notas periodísticas se refieren a ella con términos como “hermafrodita”, reflejando los prejuicios y las palabras utilizadas entonces. Pero es posible que ella hubiera sido una persona intersex, y así su historia adquiere una dimensión aún más relevante para comprender su transición y los desafíos que enfrentó.

Lo que buscamos hacer desde el archivo es generar precedentes que le demuestren a los estados actuales que no tienen esa memoria, porque, además, les conviene no tenerla, ¿verdad? Ocultar ese tipo de cosas les permite no avanzar en el reconocimiento de nuestros derechos.

MBC: Nosotras siempre tuvimos memoria y verdad; siempre nos ha faltado la justicia. En los archivos y comunidades, esa falta de justicia ha sido central. Sin embargo, el AMT ha contribuido directamente a avances significativos en este ámbito. Participamos en el último juicio por delitos de lesa humanidad en Argentina, logrando la condena de 10 represores a cadena perpetua gracias al trabajo de visibilización del archivo. Las entrevistas que realizamos y publicamos en fechas clave llegaron a las fiscales, quienes integraron el testimonio de ocho compañeras trans al juicio, incluyendo casos relacionados con el Pozo de Banfield, un centro de tortura y asesinato durante la dictadura.

Los archivos han sido herramientas fundamentales para alcanzar lo que siempre nos faltó: justicia. El viernes 1 de diciembre, 2024, junto al Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), presentaremos por primera vez una querella judicial de 13 compañeras trans con sus legajos policiales en mano. Este acto es fruto de acciones de recuperación de legajos gestionadas por las propias compañeras. Los archivos han sido herramientas fundamentales para alcanzar lo que siempre nos faltó: justicia.

Tenemos buena relación con archivos oficiales de memoria, que nos reconocen como un archivo referente. Sin embargo, con el Estado no tenemos relación institucional. Como dijeron las Abuelas de Plaza de Mayo: “teníamos lo más importante, la memoria de las sobrevivientes”. Todo nuestro material sobrevivió al Estado, y nuestro trabajo se sostiene con exposiciones, capacitaciones y apoyos internacionales, utilizando los archivos para impulsar juicios contra el Estado, no para depender de él.

AN: La experiencia brasileña sobre memoria, verdad y justicia tiene un matiz diferente. En el Acervo Bajubá y en el trabajo de archivo LGBT+, nuestra labor se centra en demostrar que existimos, una respuesta a quienes niegan nuestra historia o la consideran reciente, como una moda. A través de los materiales del archivo, buscamos validar nuestra existencia y mostrar que hemos estado aquí mucho antes de lo que algunos afirman.

Por ejemplo, desde hace dos años realizamos entrevistas a personas LGBT+ que vivieron la dictadura civil-militar (1964-1985). Este proyecto, en colaboración con el Memorial de la Resistencia de São Paulo, incluye entrevistas en video y audio realizadas por nosotras, con preguntas sobre la dictadura, la epidemia de VIH/SIDA, la despatologización de la homosexualidad y las respuestas del Estado y de la comunidad. Aunque no buscamos justicia en el sentido estricto, mostramos que la dictadura afectó profundamente a nuestra comunidad, incluso que nuestra lucha no fue por la democracia, sino por el derecho a ser quienes somos, o sea, a simplemente poder existir. Este trabajo revela violencias específicas y crea un testamento colectivo sobre cómo las vivimos.

También sentimos que existen teóricos que han reflexionado sobre estas experiencias, pero sus relatos a menudo permanecen en un plano abstracto, lejos de permitir que travestis, transexuales, personas LGBT+ y mujeres lesbianas cuenten sus propias historias. Nuestro proyecto busca esa delicadeza: crear un espacio donde nuestra comunidad narre sus vivencias desde sus perspectivas. Aunque haya importantes iniciativas políticas, como por ejemplo el trabajo de las Comisiones de Verdad, creemos que aún no se comprende nuestra experiencia en la dictadura civil-militar brasileña. Es fácil convertirnos en un tema, pero realmente incluirnos en un proceso de reparación es distinto. Nuestro archivo no busca “una verdad única”, sino múltiples verdades que capturen nuestras vivencias en su complejidad, mostrando que, incluso en las narrativas dominantes, queda mucho por entender.

DR: En el caso dominicano, estoy de acuerdo con ustedes en que, en términos de memoria y verdad, siempre ha existido una relación evidente. Sin embargo, el tema de la justicia es lo que aún nos falta. Cada vez que ocurre un caso de discriminación, transfeminicidio o el homicidio de alguien de la comunidad, la respuesta inicial en el país, especialmente desde los medios de comunicación, suele ser invisibilizar estos hechos o no reflejar fielmente la realidad. Esto se evidencia incluso en cómo se redactan los titulares, minimizando que se trate del asesinato de una persona trans o LGBT.

Nairobi Leclerc (derecha), una alegre mujer trans dominicana negra que fue asesinada el 2 de marzo de 2020. Su asesinato sigue sin resolverse, aunque la causa "oficial" de la muerte fue un paro cardíaco. (DR QUEER MEMORIES)

Mi acción política implica asistir a actividades y procesos políticos para asegurar que la versión real de los hechos se visibilice, contrastando con lo que se comunica al público, donde suelen diluirse las especificidades de la violencia hacia las personas trans y LGBT, tratándolas como incidentes generales y no como algo que afecta directamente a nuestra comunidad.

Por esto traje la foto de Nairobi Castillo, una mujer trans muy querida en nuestra comunidad que fue víctima de transfeminicidio hace aproximadamente cinco años.Nairobi era conocida por su alegría, su habilidad para hacer amigos, y su presencia constante en el parque de la Zona Colonial, un espacio emblemático para la comunidad LGBTQ+ en Santo Domingo. Su muerte, tergiversada por la prensa como una sobredosis, encubrió las marcas de violencia evidentes en su cuerpo, como moretones y signos de ahorcamiento. Este caso generó indignación en la comunidad, al evidenciar cómo los medios y el Estado buscan minimizar y borrar los transfeminicidios de nuestra historia. Aunque no existe un archivo físico que registre su vida y legado, su memoria persiste como un símbolo de lucha y resistencia entre quienes la conocieron y continúan reclamando justicia por ella.

AC: Pues desde nuestro caso, ha sido un proceso atravesado con este juego entre el sujeto y el objeto. Al final somos transmasculinidades haciendo trabajos sobre transmasculinidades que me parece que habla del momento histórico en el que estamos. Me parece que esta ola de archivos, por supuesto tiene una marea trans detrás. Sin embargo, junto con ella vienen también reacciones. O sea, hay que ser muy claros en que es importante, pues traer estos valores de la verdad, la memoria y la justicia, pero no solo como valores aspiracionales en la perspectiva liberal, sino más bien como herramientas a través de las cuales vamos a poder tener proyectos de vida.

A partir de ahí, nos dimos cuenta de que, para preservar la memoria, la justicia y la verdad, teníamos que dar un paso atrás y repensar nuestros conceptos. Por eso el concepto de transmasculinidades es tan importante. Creemos que las transmasculinidades tienen una experiencia encarnada que les permite hablar no solo de su vivencia personal, sino también de una experiencia común sobre lo transmasculino, que va mucho más allá de lo que se asigna al nacer. A veces, la certeza de lo que ocurrió, de lo vivido, es más poderosa que intentar conectar todo a una narrativa única.

Yo me topé con la memoria, la justicia y la verdad a partir de los movimientos sociales que surgieron después del terremoto de 2017 en Ciudad de México. Ahí hubo, políticamente, una gran oportunidad para reconocer la fuerza de la organización comunitaria y el apoyo mutuo. En México, hay que recordar que la búsqueda de “la verdad histórica” ha sido también una herramienta del poder, una verdad vendida como absoluta. En este sentido, nos preguntamos: ¿qué puede ofrecer un archivo más allá de la verdad?

YF: Quisiera abrir la conversación hacia los modos de hacer en sus archivos: ¿Para qué sirve el archivo en sus contextos y qué papel juega en sus prácticas? ¿Podrían compartir cómo se diferencian de los archivos tradicionales o si hay una dimensión afectiva en estos quehaceres que transforme la manera en que construyen y resguardan la memoria?

MBC: Muchas veces, las personas que trabajan en archivos no tienen una relación personal con los documentos. En cambio, en nuestro archivo, quienes archivan y documentan son parte de esta misma historia. Si voy a un archivo oficial, tengo que buscar desde la visión del hombre archivista de aquel momento, con clasificaciones como “hombre vestido de mujer” o “amorales”, que reflejan cómo históricamente el archivo ha sido un dominio masculino, con pocas mujeres participando. A pesar de lo sensacionalistas o violentas que fueran esas formas de catalogar, esos relatos evidencian nombres, fechas, lugares y sucesos. Por eso, todo material sirve, aunque esté mal redactado o mal catalogado.

Pero nuestro archivo es distinto porque hay una relación de afecto con los documentos y las personas que aparecen en ellos. Pero nuestro archivo es distinto porque hay una relación de afecto con los documentos y las personas que aparecen en ellos. Es una relación muy parecida a la que existe en una familia, como ese familiar que siempre se dedica a documentar la historia, normalmente una abuela o una tía abuela que junta las fotografías familiares. El archivo funciona de manera similar, documentando y clasificando los materiales que forman esta familia: no solo la familia que documenta, sino también la familia archivística que reúne y preserva el material.

AN: En el Acervo Bajubá, siempre hubo un cuidado especial con el diálogo generacional, pero desde 2022 esta atención se ha intensificado. No vemos a las personas que participan, ya sea dando entrevistas, testimonios o colaborando en libros, como objetos de trabajo, sino como personas con las que construimos relaciones que trascienden los productos finales de proyectos. El cuidado se traduce en acciones concretas: mantener un contacto de amistad, ofrecer apoyo médico, preocuparnos por su bienestar laboral y generar oportunidades de trabajo.

Además, aprendemos mutuamente de estas relaciones. Cómo travesti, compartir con otras travestis me ha permitido recibir aprendizajes intergeneracionales, como técnicas de maquillaje o consejos de vida. Es también sus vidas, enviándoles flores en sus cumpleaños, invitándolas a eventos y creando espacios de encuentro. Es decir, reconocer que preservar objetos es importante, pero que las personas también son memoria. De nada sirve montar un archivo para que quede guardado, o exaltar a una persona viva sólo por el objeto, sin reconocer y celebrar a la persona. Es como la necesidad de dar flores en vida.

Una hoja de papel, toda una vida de lucha. El documento de identidad de Neon Cunha, un hito en el reconocimiento del nombre y el género para las personas trans en Brasil. (ACERVO BAJUBÁ)

Traje dos registros que dialogan sobre lo intergeneracional en nuestras historias. El primero es una revista Cruzeiro de 1972, con una nota sobre Aloma, una travesti negra joven en plena dictadura, que muestra cómo las personas trans y travestis siempre han existido y sido parte activa de la sociedad, incluso en contextos de censura. El segundo es el RG (Registro Real) de Neon Cunha, activista trans que, en 2018, obtuvo el primer documento de identidad rectificado sin pruebas patológicas, tras una lucha histórica contra el Estado. Entre los dos registros, una es una antecesora de la otra, pero cada una tiene su singularidad de lucha. Hay un cruce, un encuentro entre sus historias: una que celebraba su existencia y otra que luchó para garantizar derechos para las generaciones futuras.

DR: Nuestro trabajo también busca preservar la memoria como un acto de reconocimiento hacia quienes nos antecedieron, en particular hacia la comunidad LGBTQ+ mayor. En República Dominicana, durante los años 80, una de las primeras presencias visibles del colectivo fue Los Creadores de Imágenes, un grupo de artistas gays y trans que practicaban transformismo y drag. Este grupo llevaba sus espectáculos a diversos espacios, incluso a audiencias heterosexuales, marcando un hito en la visibilidad y abriendo caminos para futuras generaciones trans, cuir y no binarias. 

Recientemente, desde DR Queer Memories, en colaboración con otros colectivos, realizamos un homenaje a este grupo de artistas, muchos de los cuales aún están vivos. Con pocos integrantes sobrevivientes, esta iniciativa buscó reconocer su legado y honrar sus vidas y experiencias mientras aún es posible. En República Dominicana, la población LGBTQ+ mayor es reducida, lo que hace aún más urgente este esfuerzo por preservar sus memorias y darles el lugar que merecen en nuestra historia.

Pensando en honrar la vida y mantener el legado de quienes marcaron nuestra historia, traje la foto de Mia Pía, una mujer trans sordomuda que trabajaba como host en un bar gay y era profundamente querida en la comunidad. Su calidez y capacidad para conectar con las personas, incluso frente a barreras de comunicación, la convirtieron en una figura especial para muchos. La foto, tomada durante el orgullo de 2012, no solo recuerda su vida y su impacto, sino también marca uno de los momentos en los que comprendí la importancia de documentar estas historias para preservar nuestra memoria colectiva y reconocer el valor de quienes nos antecedieron.

Mia Pia (izquierda) en la Caravana del Orgullo LGTB en Santo Domingo. Mia era la querida anfitriona del bar Jaydee's donde realizaba eventos drag, 1 de julio de 2012. (DR QUEER MEMORIES)

AC: Sin las emociones, creo que nuestros proyectos no existirían. Es fundamental incorporar el carácter político de estas emociones: ¿Qué reconocemos al guardar algo? ¿A quiénes visibilizamos? En definitiva, los archivos tienen una limitación en la materialidad y bajo ese límite, hay decisiones que debemos tomar, y por eso me parece importante no solo registrar, sino también hacer un meta registro de cómo estamos construyendo este corpus de saberes, materiales y existencias.

Por ejemplo, uno de los referentes más visibles de la transmasculinidad en México es el general Amelio Robles, un militar premiado por el régimen de su época. Desde mi perspectiva en 2024, en un contexto de genocidio en tiempo real, me resulta difícil conectar con una vida tan normada y militarizada. Sin embargo, es ahí donde uso mis herramientas de trabajo, abordando desde mis coordenadas, haciendo explícita mi subjetividad y el lugar desde el cual interpreto.

De nada sirve estar en la nostalgia de un pasado que no vivimos si ahora mismo tenemos en México la tasa más alta de homicidios y transfeminicidios de América Latina y somos el segundo país más violento del mundo para personas trans. Hasta 2018, muchos materiales no mencionaban términos como transmasculinidad o persona no binaria, pues esos vocabularios apenas están surgiendo. Esto nos deja la responsabilidad de denunciar el carácter emotivo de lo que hacemos, pero también de enmarcarlo de modo que sea comprensible para otros. Por eso hacemos acciones para abrir los archivos, para socializar las herramientas, pero también queremos que nuestra comunidad tenga condiciones de vida, porque queremos vivir para contarlo. De nada sirve estar en la nostalgia de un pasado que no vivimos si ahora mismo tenemos en México la tasa más alta de homicidios y transfeminicidios de América Latina y somos el segundo país más violento del mundo para personas trans. Parece una delicadeza dedicarse a cosas de archivo en este contexto, pero también hay algo de justicia epistémica en no dejar estas narrativas en manos de los mismos discursos.

La cultura pop, por ejemplo, empuja a representaciones de las personas trans como “buenos ciudadanos,” como si solo quisieran demostrar que también somos humanes. Los archivos pueden transitar ese dolor, cuestionarlo y resignificarlo. Por ello, creo que el segundo paso es aprender a estar en comunidades de la incertidumbre. Las transmasculinidades representan un reto conceptual y metodológico, no solo en temas de identidades sexo-genéricas, sino también para la archivística. Esta puede o no darnos herramientas y categorías para construir narrativas propias.

NZ: En el Archivo Honduras Cuir seguimos en la búsqueda de la memoria transmasculina. Pienso en ello desde una perspectiva encarnada: ¿Qué pasó con las transmasculinidades del siglo pasado? ¿Qué narrativas podemos rescatar de los inicios de este siglo? Aún hoy, situarse como transmasculino de manera visible implica riesgos para la vida, lo que dificulta incluso la preservación de estas historias. Y ahí vamos un poquito más allá de la verdad, de la memoria y de la justicia, planteándose otras formas de acercarnos a estas vivencias. Creo, como decía Dany Barrientos, participante de Honduras Cuir, que no siempre necesitamos nombrar o encasillar estas experiencias; pueden simplemente ser reconocidas como vivencias en sí mismas, sin la necesidad de categorías rígidas. Al final eso es lo que apuntan los archivos: esas experiencias que existieron y que a veces no podemos categorizar.

Recuerdo un diálogo que tuvimos en un espacio con Abigail, una mujer trans, Dany, un hombre gay, yo como persona transmasculina, y otras compañeras y compañeros lesbianas. En ese intercambio, surgió una pregunta que nos conectó a todas y todos: ¿qué pasa o qué pasó con nuestras vivencias tiempo atrás? Al explorar estas preguntas, nos dimos cuenta de las diferencias en las violencias que han atravesado nuestras comunidades. Las compañeras trans enfrentaron en su momento las llamadas gradas policiales, que eran violentas redadas que hacía la policía para violentarlas, mientras que las mujeres lesbianas, los hombres gays y las transmasculinidades vivieron otras formas de exclusión y opresión. Este reconocimiento de las particularidades y cruces de las violencias también fue clave para entender las diferencias de nuestras experiencias.

Estas contribuciones nos hicieron ver que la memoria no solo se construye desde los registros formales, sino desde las vivencias cotidianas que trascienden las categorías impuestas. En nuestra primera exposición en 2023, logramos representar muchas de estas historias en fotografías de hombres gays, mujeres lesbianas y personas trans. Fue un parteaguas que permitió que personas de distintas partes del país se acercaran con sus propios recuerdos: fotografías, testimonios y relatos de quienes habían estado en esos espacios pero que hoy prefieren el anonimato. Estas contribuciones nos hicieron ver que la memoria no solo se construye desde los registros formales, sino desde las vivencias cotidianas que trascienden las categorías impuestas. Así, hemos comenzado a entender que nuestra memoria colectiva va más allá de lo que nos han querido encajar.

La transmisión de sentimientos que evocan estas memorias se vuelve clave para comprender el impacto de figuras como Alma Violeta, una pionera en la creación de espacios subversivos para las comunidades trans en Honduras durante los años 70. En Comayagüela, organizó los primeros desfiles Miss Honduras Trans Belleza, diseñando vestuarios y reuniendo a compañeras en un momento marcado por la clandestinidad bajo los triunviratos militares. Su legado es tan significativo que una de las primeras organizaciones LGBTI en Honduras lleva su nombre: Colectivo Violeta. Alma Violeta luego migró a Estados Unidos, donde falleció a inicios de los 2000. Muchas personas que la conocieron han compartido historias sobre su vida y trabajo: era estilista y dueña de un negocio muy popular, al que incluso acudían las esposas de militares para hacerse peinados y cortes.

YF: En el contexto hemisférico y global de recrudecimiento de sectores reaccionarios y conservadores, vemos en casos como el de Argentina con el gobierno de Javier Milei, Brasil con Jair Bolsonaro y El Salvador con Nayib Bukele una retórica claramente anti-derechos hacia personas travestis y trans. ¿Cuáles efectos han tenido estas transiciones políticas en su trabajo archivístico? ¿Cómo estos cambios de gobierno han impactado en las posibilidades o prioridades de su archivo? ¿Cómo nos pueden ayudar los archivos para combatir o resistir este giro político hacia la derecha? 

AC: En México y en la Ciudad de México, vivimos en una tensa calma. Es cierto que no enfrentamos una respuesta reaccionaria directa del Estado, pero sí vemos cómo grupos conservadores, cada vez más jóvenes, están ganando fuerza. Esto nos obliga a pensar cómo nos comunicamos intergeneracionalmente, y ahí los archivos juegan un papel importante. Aunque no enfrentemos amenazas directas de despojo de materiales o falta de acceso a la información, los modos de vida de quienes construimos estas vivencias sí están condicionados.

El archivo es una herramienta, como un cuchillo. Puede ir en una dirección u otra. Así como nosotros accedemos a materiales, también lo hace la derecha, utilizando narrativas que justifican su postura. Por eso, los archivos deben resistir al fascismo y no quedar atrapados en colecciones privadas, ni restringidos al ámbito médico o judicial, dos grandes fuentes en México. La archivística trans nos permite imaginar más allá del Estado, del archivo convencional e incluso de las izquierdas. Sin esta intención crítica, caemos en trampas: el extractivismo, la fetichización o la creación de subjetividades para consumo. El archivo debe servir a las comunidades productoras de conocimiento; sin esta ética, perdemos el propósito real de nuestra labor.

"Borrachita", retrato de la actriz Delia Magaña realizado en en la primera mitad del siglo XX. (ARCHIVO DE LA MEMORIA TRANSMASCULINA MEXICO)

NZ: El contexto antes de que surgiera el archivo Honduras Cuir era de 13 años de un gobierno ultraconservador, que usaba los discursos contra mujeres y disidencias sexuales para ganar votos. En 2021, durante las elecciones, esto se intensificó con campañas que incrementaron la violencia en el país. Ante esto, el archivo nos conecta con las memorias de quienes resistieron en los 70 y 80 bajo triunviratos militares, desapariciones y represión. Y ahora decíamos, ¿cuáles son esas herramientas que nos deja el archivo para traerlas a esta sobrevivencia colectiva en el contexto que estamos enfrentando? Pensábamos que se trata de resistir desde esas memorias, de tener el momento de reencuentro que nos ha sido negado. Es reencontrarnos con quienes estuvieron en años anteriores, quienes supieron resistir desde la colectividad sin dejar de ser, sin renunciar y sin caer en categorías que no son las nuestras. Tampoco en discursos que pueden parecer seductores, pero que al final solo sirven para legitimar y perpetuar el poder.

Eso es lo que nos ha quedado claro hasta ahora en Honduras. A mí solo me gustaría cerrar, quizás que nuestros archivos no son sinónimos como los del Estado, o sea, no archivamos la vida, más bien archivamos para que florezca como todo lo que hemos ido construyendo y que esa acción ya de retomarlo en este contexto político también es importante, retomar la memoria para poder resistir a todo lo que se viene.

MBC: Los primeros cambios que tuvimos que hacer [frente al gobierno de Milei] fueron la protección del archivo, hacer copias en otros lugares y mudarnos del espacio donde estábamos hospedadas. Teníamos un local en la calle que también cerramos por los riesgos que podría traer esta oleada de odio.

En lo económico, como nosotras nunca dependimos del Estado y solo trabajamos con ayuda extranjera, con proyectos internacionales, curadurías, charlas o presentaciones, y no tenemos subsidios ni ayuda del Estado, en ese sentido no nos afectó económicamente.

El intento o la constante capacitación de cada una de las integrantes del archivo es parte fundamental para el proceso y para seguir adelante. No es lo mismo Belén Correa cuando comenzó el archivo que Belén Correa después de haber pasado por la diplomatura en archivística Creo que hay un conocimiento que va más allá de la práctica y la teoría, y si combinamos ambos hacia los archivos trans, el crecimiento es fundamental. Sobre todo, apuntamos hacia la profesionalización de los archivos, porque ese es el camino que queremos seguir.

AN: El proyecto comenzó en 2010 bajo un gobierno progresista, pero cuando me uní en 2020, ya estábamos en el contexto de un gobierno previo de [Michel] Temer, con muchos recortes presupuestarios, y luego Bolsonaro, de extrema derecha. Aunque no sentimos presión política directa, siendo un proyecto comunitario sin apoyo estatal y dependiente de instituciones privadas y museológicas, enfrentamos obstáculos laborales. Propuestas como talleres o circulación de materiales fueron rechazadas con respuestas como “no podemos hablar de esto” o “no será aprobado”.

Aun así, en São Paulo, instituciones progresistas resistieron, permitiéndonos seguir con proyectos sobre VIH/SIDA y temáticas LGBT+. En Brasil, pienso que necesitamos un proyecto dedicado exclusivamente a la memoria trans, con un enfoque en su urgencia. Aunque puede parecer excluyente, estas memorias suelen considerarse menos prioritarias. Es fundamental localizar a estas mujeres, identificar acervos perdidos y validarlos como archivos legítimos.

Objetos cotidianos, como cajas de fotos de discotecas, no solo registran historias, sino también risas, amor y brillo. Estos archivos deben mostrar a las generaciones futuras que hubo lucha y dolor, pero también mucha fiesta y mucho brillo, reflejando otras posibilidades de vida y desafiando las narrativas centradas únicamente en la violencia y la precarización.

DR: DR Queer Memories surge en medio de una movilización política en reacción a la propuesta del Partido Conservador de modificar un artículo clave. Mi proyecto, aunque reciente en su forma oficial, lleva acumulando registros fotográficos y videográficos desde 2001.

Lo que busco como próximo paso es estructurar este archivo de manera más formal, para que no sea solo una colección de fotos y videos en una cuenta de Instagram. Quiero que sea una referencia visible para la comunidad y para el país, y tengo el sueño de convertirlo en un archivo físico, incluso en un Museo de Historia LGBT en la Zona Colonial de Santo Domingo, un espacio que históricamente ha acogido a nuestra comunidad. Quisiera que el archivo no se limite a fotos y videos, sino que incluya objetos, exposiciones y otros formatos que integren a más personas del colectivo.

Recientemente, aquí en Santo Domingo, organizamos talleres en colaboración con el Centro Cultural de España sobre cómo crear archivos queer, y eso ha despertado el interés en expandir e integrar este proyecto. Además, en el país hay muchos grupos y personas que llevan sus propios archivos, y sería muy interesante concentrar estas iniciativas en un punto de partida común. Aunque cada archivo mantenga su independencia, este espacio podría funcionar como referencia para quienes deseen explorar temas específicos, como la presencia transmasculina, y redireccionarlos a los colectivos que documentan esas historias.


Yuri Fraccaroli es estudiante de doctorado en Estudios Feministas en la Universidad de California, Santa Bárbara y educadora, artista e investigadora en el Acervo Bajubá LGBTQIA+. Es autora de varios capítulos de libros y artículos de que exploran la memoria, la historia y los archivos LGBT+ desde una perspectiva interseccional. En la actualidad, es beneficiaria de la beca ACLS/Mellon Foundation Dissertation Innovation Fellowship.

Cole Rizki es profesor adjunto de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Virginia y becario ACLS 2024-2025. Es coeditor del número especial de 2019 de TSQ “Trans Studies en las Américas” y actual editor de la Sección de Traducción de TSQ. Su trabajo aparece o está por aparecer en revistas como Feminist Theory, Journal of Visual Culture, Journal of Latin American Cultural Studies, Balam, TSQ y Radical History Review, entre otras.