¿Cómo está respondiendo América Latina a la Doctrina Donroe? 

En una entrevista, el político ecuatoriano y experto en política exterior, Guillaume Long, explica cómo la “Doctrina Donroe” podría reconfigurar la política latinoamericana.
Guillaume Long durante su tiempo como Ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador (J. Cabezas Aguilar, CC BY-SA 4.0)

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En noviembre de 2025 el gobierno de Estados Unidos presentó su nueva estrategia de seguridad nacional en la que define una nueva relación con América Latina, conocida ahora como el “Corolario Trump” de la doctrina Monroe, o Doctrina Donroe. “Queremos un Hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra narcoterroristas, carteles y otras organizaciones criminales transnacionales; queremos un Hemisferio libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave, y que apoye cadenas de suministro cruciales; y queremos asegurar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave”, dice el documento. 

Por esos días, Estados Unidos comenzó a amenazar la soberanía de Venezuela, interceptando cargamentos de petróleo y bombardeando a presuntas lanchas cargadas de drogas cerca a sus aguas territoriales, al tiempo que comenzó a enviar tropas a las vecinas islas del Caribe. Poco tiempo después, Estados Unidos atacó Caracas y secuestró al presidente Nicolás Maduro, acusándolo de liderar el inexistente Cartel de los Soles.

¿Qué se oculta tras la Doctrina Donroe? ¿Por qué EE.UU. invadió Venezuela pero no busca avanzar en un proceso de institucionalización del país? ¿Qué impacto tiene esto en América Latina y que puede esperarse en el futuro? 

Para responder estas preguntas, conversé con Guillaume Long, político y académico ecuatoriano de origen franco-británico, ex canciller de Ecuador y Senior fellow del Center for Economic and Policy Research sobre estos temas.

La entrevista fue realizada en español a través de distintas conversaciones telefónicas, y fue editada para facilitar su comprensión.


Daniel Cholakian (DC): Pasaron algunas semanas desde la intervención militar de EE.UU. en Venezuela, y parece que el ataque produjo menos tensiones que las esperadas ¿cómo analiza esa decisión del presidente Trump y sus consecuencias para la región? 

Guillaume Long (GL): Creo que es demasiado pronto para sacar conclusiones, pero podemos intentar algunas. La primera es que la propuesta que estaba establecida en la Doctrina de Seguridad Nacional de los Estados Unidos confirma la prioridad hacia el hemisferio occidental. En un contexto de creciente multipolaridad, EE.UU. define que no tiene que estar presente en todo el mundo, ni en todos los escenarios mundiales. 

Sin embargo, discrepo con los que creen que es solamente un regreso a la esfera del hemisferio occidental, en el sentido de dividir el planeta en zonas de influencia. Hay una parte de eso que es cierta, pero en donde pueda intervenir, EE.UU. intervendrá. Nadie puede decir que Nigeria es su zona de influencia. Surgió una oportunidad y ahí intervino. 

Otra lección importante es que esta presencia estadounidense va a ser principalmente de orden militar.

Lo que sí cambió es que no es el hegemón global, con presencia en todos los espacios. Va a tener presencia en algunos espacios. Uno de esos espacios es el hemisferio occidental, que creo que va a ser priorizado. Esta es una primera lección, hay una priorización del hemisferio occidental entre algunos espacios geopolíticos mundiales.

Otra lección importante es que esta presencia estadounidense va a ser principalmente de orden militar. Es una reacción a una pérdida de hegemonía económica. Hoy  la mayoría de los países de América Latina, y todos los países de América del Sur salvo Colombia, tienen mayores relaciones comerciales con China que con Estados Unidos. Se observa desde hace años una paulatina y lenta retirada económica de los Estados Unidos de la región. Esto devela que no pudiendo contestar con el mismo músculo económico que tienen los chinos, responden con intervencionismo de índole securitista y militar. Esto parece ser lo que le queda como opción, aunque también le queda el control del sistema financiero mundial a través del dólar, de la Reserva Federal, el control sobre el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otros organismos. Pero eso es en el ámbito más financiero que económico, y habrá que ver si sigue manteniendo esta dominación. Sin dudas el brazo donde mayor asimetría hay con otras grandes potencias es el ámbito militar, y entonces es ese que usa la administración Trump para recuperar cierto control sobre sobre zonas geopolíticas. Es un problema económico que resuelven por vía militar. Esto es importante y creo que devela una debilidad y una cierta impotencia. De cierta manera es una victoria pírrica lo de Venezuela.

DC: Y en cuanto a Venezuela específicamente ¿cómo analiza lo ocurrido tras el secuestro de Maduro?

GL: Quizás la tercera lección es que Trump no quiere intervencionismo militar con la presencia de tropas en territorio. Lo ha demostrado en su primera administración y lo sigue demostrando ahora. Estamos viendo ataques aéreos, que son un medio, no un fin. No busca el cambio de régimen típico, aludiendo a la democratización, construcción de estado, construcción de nación. Más bien es utilizar el músculo militar para procesos de negociación. Es lo que él llama  “the art of the deal”, el arte de la negociación. Creo que la fuerza es un componente más en una negociación. Puede negociar con cualquier actor, ya no es actor bueno o actor malo. El punto es hacer un buen negocio, un buen acuerdo con cualquiera que sea el actor. La presión militar, el bombardeo, el secuestro de un presidente son usados como elementos de negociación. 

DC: Esa política de expandir la frontera militar ocupando territorio, movilizando equipos y tropas para tener presencia permanente en el escenario global fue muy costosa para EE.UU. y parece difícil de sostener en el presente.

Hay verdaderamente un consenso de que poner tropas en el territorio es problemático.

GL: Si es costoso. Económicamente son varios trillones lo que costaron las guerras de Irak y Afganistán, por ejemplo. A ese costo económico se suma un costo político muy alto, porque estas guerras son impopulares. De hecho, a Trump en 2024 se lo eligió sobre la promesa de no más guerras eternas.

Además estas guerras no se han saldado en victorias. Ni siquiera de acuerdo a sus parámetros hay una sola guerra de esas que haya sido exitosa. Lo de Afganistán terminó con un bochornoso retiro y el retorno del régimen que habían sustituido 20 años antes. Lo de Irak creo que fue uno de los mayores elementos deslegitimadores de la hegemonía estadounidense a nivel mundial. Hay verdaderamente un consenso de que poner tropas en el territorio es problemático. Incluso neoconservadores como Marco Rubio han aceptado que es demasiado costoso invadir, ocupar y poner la persona que prefieren en el poder. Por eso no lo han hecho con [la líder de la oposición] María Corina Machado, a pesar de que era la persona preferida por Rubio. Aceptó la decisión de Trump de negociar con una persona que no es de su preferencia, buscando doblegar a esos actores locales a través de las amenazas militares y económicas. 

DC: Respecto del poder financiero que mencionaba, me pregunto si hoy la política de los BRICS en relación con la centralidad del dólar pueda ser una incipiente amenaza al poder financiero de EE.UU.

GL: Yo creo que si bien los BRICS todavía no es un grupo que promete una gobernanza global alternativa, hay que tener en cuenta que más allá de lo simbólico y de las cumbres presidenciales, lo más concreto en términos de institucionalidad es el nuevo Banco de Desarrollo del bloque. Cuando se capitalice en serio podría significar una competencia muy fuerte a la actual arquitectura financiera hegemónica occidental. Creo que BRICS está diciendo que o se reforma la gobernanza global o ellos van a sostener una gobernanza paralela. Por eso cada vez, tanto en la política como en los medios occidentales, se habla más de los BRICS. Lo hacen con miedo, porque es percibido como una amenaza real.

DC: ¿Que puede decir de las reacciones de los gobiernos de América Latina, tanto respecto del corolario Trump de la doctrina Monroe, como de la intervención en Venezuela?

GL: América Latina ha respondido de forma heterogénea. Hay países como Brasil, México, Colombia, Uruguay, Chile, que han repudiado la intervención firmemente, hay países que han respondido de forma tibia, y hay países que han apoyado abiertamente la violación al territorio. Creo que el hecho de que la CELAC [Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños] no haya podido sacar ni una sola declaración, porque fue boicoteada por nueve países que apoyan a Trump, habla mucho de la polarización en América Latina. No obstante México y Brasil, que se enfrentan a Trump, no son países menores. Representan más de la mitad de la población y del PIB latinoamericano. Si sumamos a Colombia, el tercer país más poblado, el peso de los países que se opusieron a la invasión no es menor. Falta más acción de América Latina, pero no es un momento marcado por la acción colectiva, ni en América Latina ni en el Sur global. El regionalismo y la integración regional están muy debilitados.

El regionalismo y la integración regional están muy debilitados.

En este momento en América Latina hay varios países que están alineados con Trump, pero no sé si eso va a durar mucho. En parte es efecto del miedo. Creo que son elecciones de corto plazo. Hay que tener en cuenta que para una potencia regional como Brasil no es menor que sea la primera vez que EE.UU. ataque militarmente a un país suramericano. Con esta acción Trump cruzó el Rubicón y generó suspicacias y sospechas, y falta de confianza en las intenciones estadounidenses. Eso tendrá consecuencias a largo plazo. Creo que a mediano y largo plazo pueden cambiar doctrinas de seguridad y doctrinas de política exterior en países de la región. 

DC: Ante este momento de avance de EE.UU. sobre América Latina ¿Cuál es la situación de los sectores políticos progresistas o de izquierda de la región?

GL: Están debilitados ante el avance brutal de la derecha en la región, pero al menos están unidos sobre este tema. Anteriormente el tema de Venezuela dividió muchísimo a la izquierda. En este momento hay unidad sobre la violación al derecho internacional y al artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas, pero también sobre la soberanía de Venezuela. Es una violación inaceptable, tanto para los que querían a Maduro como para los que no lo querían. Estas acciones violan además todas las declaraciones de “zona de paz” de América Latina, que fueron muy importantes en las últimas décadas y en la creación de la UNSAUR, la CELAC, otros organismos e instituciones.

DC: En este contexto de desarticulación regional y de cambios en la política de EE.UU. hacia América Latina ¿Qué opina del acuerdo de libre comercio recientemente firmado entre Mercosur y la Unión Europea?

GL: En general no soy muy favorable a los tratados de libre comercio, sobre todo cuando son entre países del Sur global o en vías de desarrollo y países con economías avanzadas, diversificadas e industrializadas. No creo que sean la vía para alcanzar el desarrollo, incluso puede ser un instrumento de reprimarización económica o de condena a la especialización productiva. Pero, desde alguna perspectiva, el Acuerdo de Libre Comercio entre Mercosur y Unión Europea tiene aspectos positivos. Permite una diversificación de los mercados, evitando quedar anclados en la apuesta por China o EE.UU. Siempre hay zonas grises que cuando se negocia bien hay que aprovecharlas. Pero lo central es que no es lo mismo un acuerdo de esta naturaleza cuando un gobierno tiene un plan de desarrollo con industrialización, con políticas soberanas e inserción estratégica en el mundo, que con un gobierno que cree en la mano invisible del mercado, no intervenir en la economía, ni planificar. Para ponerlo más sencillo: no creo que sea lo mismo un acuerdo como este para un país como Brasil, con Lula como presidente, que para un país como Argentina, con el gobierno de Milei.


Daniel Cholakian es sociólogo y periodista especializado en América Latina.