El progresismo construye una agenda común en Montevideo

A medida que las Américas giran hacia la derecha, las fuerzas progresistas de la región se reunieron en Uruguay para trazar una ruta a futuro.
Sede del Mercosur en Montevideo (Carlos Borroni, CC BY-NC-ND 2.0)

Entre el 21 y el 23 de agosto, más de 150 delegados de 15 países, entre ellos legisladores, ex presidentes, ministros y dirigentes políticos y sociales progresistas y de izquierda de toda América, se reunieron en Montevideo, Uruguay, para el tercer Congreso Panamericano. 

Tomando como antecedente el Congreso Anfictiónico de Panamá, convocado por Simón Bolívar hace 200 años, el foro reunió a las voces políticas de la región quienes debatieron sobre paz, multilateralismo y seguridad, desarrollo, soberanía digital y bienestar y cuidados.

Durante tres jornadas de trabajo, las delegaciones se reunieron a puertas cerradas buscando puntos de acuerdo con los que poder desarrollar políticas públicas comunes frente a problemas globales, ante los cuales las respuestas de las naciones individualmente son insuficientes. Entre otras cuestiones se abordaron la regulación de los avances de las tecnologías digitales, las políticas ambientales o el respeto por la soberanía territorial, y los marcos impositivos para los grandes capitales financieros.

En el presente político de América, el tema central es el avance y la consolidación de la extrema derecha en muchos países, que sostenidos por la administración Trump, debilitan los procesos democráticos y los derechos humanos. Ante eso, el llamado a una resistencia colaborativa y compartir las experiencias de los países que llevan más tiempo bajo estos regímenes, como Argentina, es importante para anticipar respuestas políticas.

Un panorama desolador 

En la conferencia de prensa previa a las jornadas de trabajo, David Adler, coordinador y miembro de la Internacional Progresista, remitió al Congreso de Panamá de 1826: “Mientras hace 200 años desde Panamá se buscaba la armonía entre los países, la doctrina Monroe (1823) promovía la división y la conquista”, dijo, remarcando que este encuentro promueve la solidaridad entre los pueblos y la soberanía entre las naciones. En esa misma rueda de prensa, el congresista Estadounidense, Jesús “Chuy” García (D-IL), hizo énfasis en una visión de relaciones justas entre los países de América, basada en la soberanía y la igualdad, y repudió por violenta e imperialista la “doctrina Donroe”.

La apertura oficial contó con la presencia de la vicepresidenta uruguaya Carolina Cosse, quien en su discurso analizó algunos de los temas propuestos para debatir en las tres jornadas. Cosse hizo explícita la tensión entre la política, la soberanía y la democracia frente a los desarrollos de la IA. 

El ex presidente colombiano Ernesto Samper, situó la crisis de representación política en el contexto de un tiempo difícil para los países de América Latina. “El mundo no va bien, tenemos un calentamiento global que está produciendo desastres en toda América Latina. Tenemos problemas de hambre en muchos países, y un desafío hegemónico que tenemos que confrontar: grupos políticos que están tratando de invadir a nuestros países y que pretenden fachistizar las relaciones entre América Latina y los Estados Unidos”, dijo. 

A su vez, la excandidata a la presidencia de Honduras, Rixi Moncada dijo que la región está amenazada por “los horrores del nuevo fascismo capitalista y del imperialismo, quienes han descargado su ambición y furia sobre nuestros pueblos”.

Por su parte, Carolina Rangel, secretaria general de Morena, partido gobernante en México, se refirió a la tradición de lucha generacional contra las políticas neoliberales, ahora profundizadas por el gobierno de Donald Trump y el avance de las megacorporaciones tecnológicas globales: “La solidaridad y la cooperación regional son un antídoto frente a la necedad de la ultraderecha de quitarnos nuestras tierras, nuestras aguas, nuestros bosques, nuestras raíces colectivas y hasta nuestra propia vida”, afirmó.

¿Esto es América?

En la tarde del viernes 21 de agosto se realizó un acto abierto al público llamado “Esto es América”. El nombre en sí puede leerse como una tensión: en el uso de gentilicio “americanos” para estadounidenses y latinoamericanos, existe diferencia sobre la idea de identidad, que es compartida pero desigual. Puede tratarse de habitantes de un mismo continente, pero sobre esa idea se despliegan identidades, lenguas, historias y relaciones de poder entre una potencia imperial y el sur global. 

En el uso de gentilicio “americanos” para estadounidenses y latinoamericanos, existe diferencia sobre la idea de identidad, que es compartida pero desigual.

Una nueva propuesta para pensar la americanidad, y superar esa tensión, fue puesta en escena en los palcos del centenario Teatro Solís. Allí la joven activista argentina Ofelia Fernández y David Adler, cual actores, jugaron a derribar esa barrera. Adler dio la bienvenida a “las americanas y los americanos” presentes, dejando en claro que todos, independientemente del país que hayan nacido y de qué idioma hablen, son habitantes de una sola América. A lo que Fernández remarcó “No sé si repararon, un yankee dijo americanos y americanas refiriéndose a todo el continente”. Luego, participantes de diferentes países que hablaron sobre experiencias regionales en materia de Derechos Humanos, Justicia y Paz, Feminismos populares, la desinformación, el intervencionismo estadounidense, la defensa de los recursos naturales y los pueblos aborígenes, entre otroso.

Uno de los participantes, Gerardo Pisarello, diputado por Barcelona en las Cortes de España y miembro de la Internacional Progresista, sostiene que hay un problema en el presente de las Américas: la internacional reaccionaria. “Tiene dos capitales importantes que actúan contra América Latina. Una está en Florida, detrás de la cual está Marco Rubio, y otra en Madrid, porque la ultraderecha española se considera descendiente de los conquistadores”, dijo. “Buscan una relación de vasallaje con Estados Unidos que les deje algunas migajas para que los grupos económicos a los que están vinculados puedan negociar con los nuevos gobiernos latinoamericanos”.

A su vez, Andrés Arauz, candidato a presidente de Ecuador por Revolución Ciudadana, explicó que el Congreso Panamericano es útil para que los latinoamericanos influyan en los representantes estadounidenses, “porque ellos están en las entrañas del imperio y pueden ejercer solidaridad con nosotros, y detectar las peores derivaciones imperiales de un gobierno como el de Trump”. 

David Adler, que también defiende la identidad panamericana del Congreso, explicó su sentido histórico: “El presidente mexicano [Andrés Manuel] López Obrador siempre habló de superar el latinoamericanismo para avanzar hacia la hermandad de todas las Américas”, explicó. “Hace siglos todos fuimos colonias de imperios extranjeros y todos luchamos por nuestra independencia. Hoy muchos latinoamericanos ven la bandera gringa como una amenaza, como símbolo de colonización. Me siento inspirado por la delegación de Estados Unidos, porque llega con el compromiso de sentarse a escuchar, de invertir los términos tradicionales del diálogo hemisférico y aprender de las consecuencias de nuestras intervenciones para instalar otro paradigma, uno que cumpla el sueño bolivariano de solidaridad entre pueblos y soberanía entre naciones”.

Hacer frente a los gigantes tecnológicos

También ligada a la intervención de Estados Unidos en América Latina, la trama digital fue un tema dominante. La preocupación central de los asistentes fue el uso de la tecnología para intervenir en procesos electorales. En particular, el foco estuvo sobre las elecciones en Brasil, donde Luis Ignacio “Lula” Da Silva enfrentara a Flavio Bolsonaro, el hijo del expresidente de derecha Jair Bolsonaro, a quien Trump apoya explícitamente. 

También ligada a la intervención de Estados Unidos en América Latina, la trama digital fue un tema dominante.

El senador brasilero Humberto Costa advirtió sobre los riesgos de interferencia externa en el proceso electoral del país. Incluso manifestó que no descartan “una intervención militar directa [de Estados Unidos] con el argumento de combatir el narcotráfico”. 

Las elecciones en Brasil resultan particularmente importantes para la izquerda regional. En el último año, la extremas derechas han ganado elecciones en Honduras, Chile, Perú, Bolivia y Colombia. Itaí Hagman, diputado argentino y economista, habló de la relación entre estos gobiernos y los magnates del llamado “tecnofeudalismo”, que aprovechan este giro libertario para influir en los gobiernos y lograr desregulaciones ambientales e incentivos impositivos que les permitan maximizar sus ganancias. “Hoy la discusión por la soberanía y la defensa del Estado planificador y regulador es una discusión contra un tren que viene a toda velocidad y puede generar una catástrofe social”. En Argentina, por ejemplo, el presidente Javier Milei impulsó leyes que determinan ventajas impositivas inéditas y limitan por 30 años las capacidades regulatorias de los gobiernos provinciales y municipales en favor de las grandes corporaciones multinacionales, facilitando, entre otros negocios, la minería en zonas periglaciares y la instalación de granjas de servidores para la IA.

Adler agregó que este es un problema que requiere una respuesta regional. “Hay cosas que solo vamos a resolver a escala de hemisferio, dijo. Agregó también que esa integración no debería restringirse a lo digital, sino extenderse a cómo se atienden en conjunto la crisis climática, la económica y la ecológica, “no solo desde cada rincón del continente, sino como una fuerza unificada hemisférica”.

Una ruta para el futuro

El congreso Panamericano concluyó el domingo 23 de agosto con un encuentro de todas las delegaciones en la sede del Parlamento del Mercosur. En la misma se presentaron las conclusiones de los debates de las dos primeras jornadas. El principal acuerdo es que los problemas de este tiempo—concentración económica y tecnológica en manos de corporaciones globales, el régimen de circulación financiero, la crisis climática, y las crecientes restricciones de acceso a derechos humanos—, requieren respuestas regionales. 

La declaración de Montevideo, firmada por todos los participantes del encuentro, incluyó referencias al secuestro de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y los bombardeos a civiles en aguas de la región bajo la fachada de operaciones antinarcóticos, la guerra jurídica contra la ex presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, el ex vice presidente ecuatoriano Jorge Glas y el expresidente colombiano Gustavo Petro, al bloqueo de Estados Unidos a Cuba, al asedio israelí en la Franja de Gaza y a los migrantes detenidos por ICE.

El próximo encuentro será en Brasil, en 2027, si logra sortearse uno de los principales obstáculos mencionados durante el Congreso: que los recientes triunfos de la ultraderecha interrumpan la continuidad de los acuerdos pensados a escala regional.


Daniel Cholakian es sociólogo y periodista especializado en América Latina.