
La psicóloga María José Conforti terminó su jornada de trabajo luego de 12 horas intensas en el servicio de emergencia de salud mental. Fue un día muy largo porque en la mañana se hizo exámenes médicos, un requisito de todos los años para ser empleada en el Hospital de Salud Mental Laura Bonaparte de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Cinco minutos después de finalizada la jornada laboral, a su correo llegó la notificación de que ella había sido despedida. Sin un previo aviso y “totalmente despersonalizado”, dijo ella.
Conforti trabajaba en el servicio de adolescencia y en atención de urgencia inmediata, y hace parte de un extenso grupo de 200 empleados del Hospital Laura Bonaparte que fueron despedidos de un momento a otro en marzo de 2025. Es la motosierra de Javier Milei, el presidente argentino que ha impulsado un drástico recorte de presupuesto. En octubre de 2024 hubo señales, el gobierno dijo en un boletín oficial que iniciaría un “plan de reestructuración” al Hospital Bonaparte. Según el gobierno, el hospital tiene un ingreso promedio anual de 19 pacientes por día, y consideraron que este número era muy bajo para un hospital tan grande.
Sin embargo, La ATE, una de las asociaciones gremiales y sindicales más antiguas de Argentina, desmintió los despidos de Milei. Amelia Rebori, licenciada en trabajo social en el área de niñez del hospital, también contradice al gobierno. “Los despidos representan un 47 por ciento de la planta total del hospital. En el área de niñez quedaron 106 niños de un día para el otro sin tratamiento en salud mental integral”, agregó Rebori.
Los ataques de Milei a la salud pública
Esto es importante, Argentina tiene desde 2013 una fuerte ley, todavía vigente, sobre salud mental. La Ley 26.657 obliga al gobierno a implementar un sistema de salud mental integral que involucre a psicólogos y psiquiatras a trabajar junto con musicoterapéutas, licenciados en arteterapia y trabajadores sociales. Hay varios requisitos específicos para todo el país: el paciente tiene autonomía para decidir sobre su tratamiento, como decidir si utiliza o no medicación y si opta por una terapia alternativa. La ley también exige que la hospitalización solo sea obligatoria si el paciente representa un riesgo para su círculo social y su comunidad, una persona no puede ser excluida del empleo debido a su condición de salud mental y la hospitalización voluntaria es la última opción; en casos extremos, existe la hospitalización forzada. “Despidieron a todas las trabajadoras sociales, echaron a las terapeutas ocupacionales, a las musicoterapeutas”, dijo Rebori.
El gobierno de Javier Milei incumple la Ley de salud mental integral. El gobierno intentó implementar nuevos términos para nombrar discapacidades mentales; usaron términos como “idiotas” e “imbéciles” para nombrar a estas personas. Sin embargo, ante la polémica desatada, decidieron dar marcha atrás. Y aunque se retractaron, está claro que Milei planea seguir llevando el sistema de salud pública del país por un camino nefasto. Milei es enfático con su “batalla cultural”: todas las políticas progresistas e inclusivas deben llegar a su fin.
A pesar de autodenominarse “liberal”, Milei está en contra del derecho al aborto legal, de las personas transgénero, del feminismo y de un sistema de salud pública, apropiándose de la lucha de Donald Trump contra la “agenda del despertar”. En X, la red social favorita de Milei, su ejército de seguidores tuvo una respuesta muy reveladora sobre cómo el gobierno entiende la salud pública desde su visión neoliberal. Un usuario publicó en apoyo a los despidos de Milei: “¿Por qué necesitamos un trabajador social o un musicoterapeuta en un hospital?” y otro usuario comparó a los pacientes del hospital con parásitos.
Según un informe del Centro de Economía Política Argentina, hay recortes generales en salud “muy preocupantes”. Hay programas enteros paralizados por falta de fondos con reducciones muy drásticas. Por ejemplo, la atención médica en los barrios pobres y periféricos experimentó una reducción presupuestaria del 96 por ciento, y el presupuesto para la atención en respuesta al VIH, las infecciones de transmisión sexual, la hepatitis viral, la tuberculosis y la lepra se redujo en un 47 por ciento.
El equipo de comunicación del hospital fue despedido, varios trabajadores y extrabajadores aseguran que es parte de la estrategia del gobierno: si no hay publicaciones en redes sociales la gente piensa que el hospital cerró, piensan varios. El Instagram del hospital, que anteriormente era una página activa y un canal importante para conectarse con los pacientes e informar a las personas sobre nuevos desarrollos, ha estado inactivo desde enero. Rebori cree que algunos pacientes dejan de venir al hospital porque creen que ha cerrado definitivamente.
Los pacientes se quedan sin atención
Santiago Gusinsky, psicólogo despedido del Hospital Laura Bonaparte, notó que varios jóvenes que estaban llegando al hospital provenían de tratamientos muy largos de otros hospitales. “Eran cuadros de psicosis con síntomas agudos producto de la discontinuación de sus tratamientos”. Santiago asumió casos de jóvenes con diagnósticos de esquizofrenia y esquizofrenia paranoide en espacios grupales donde el arte es importante. “Fue un desafío, en varios aspectos. Pero comenzó a marchar”. Sin embargo, a lo largo de ese proceso Santiago tuvo que resolver los vacíos que dejaron colegas suyos, colegas que prefirieron renunciar semanas antes de ser despedidos.
Milei no solamente despidió a trabajadores del hospital, sino que también desde el gobierno impulsó el cierre de residencias en hospitales. En el Hospital Garrahan no abrieron vacantes a residencia de trabajo social, en el Bonaparte pasó lo mismo con la residencia de salud mental. “Hay una persecución a ciertas disciplinas por parte de este gobierno, disciplinas que no son hegemónicas pero que son parte de un sistema integral que debe apostarle a lo interdisciplinar”, dice Nora Lezana, nutricionista del Garrahan.
“Este gobierno quiere acabar con todo, como también pretende desmantelar el Hospital Bonaparte, que está cerca del Hospital Garrahan, y hemos luchado juntos. Sabemos que este problema no es sólo de Garrahan, es una política a escala nacional que plantea Milei, nos aplican este ajuste en las espaldas”, dijo Alejandro Lipcovich, secretario general de la Junta Interna del Hospital Bonaparte, en conferencia de prensa el 10 de mayo.
“La salud mental tiene sus complejidades y por eso no podemos abordarla solo desde una visión hegemónica”, dice María Eugenia Labate, musicoterapeuta, hizo su residencia en el Hospital Gutiérrez y luego estuvo a cargo de la jefatura de la residencia interdisciplinaria en salud mental del Hospital Bonaparte. La Nave podcast fue un lugar desde donde Labate y Conforti dirigieron un proceso terapéutico grupal, los jóvenes con los que ambas trabajaban llegaban a resoluciones positivas sobre sus problemas. “Era muy interesante ver que no es solo venir a terapia y ya, sino que esto se trabaja con el paciente dentro de la sociedad”, dice Labate.

Fermín, un estudiante de filosofía de la Universidad de Buenos Aires, fuma un cigarrillo y muestra algunas de las cicatrices que él mismo se ha hecho. “A mi no me da miedo Milei, sino que todo esto se vuelve cíclico, vuelve otro gobierno peronista y luego regresará otro gobierno de derecha”, dice. Fermín ha durado varias semanas sin citas con su psicóloga porque fue despedida, pero el hospital siguió dándole sus medicamentos antidepresivos. “Un hospital no puede funcionar como un expendio de drogas, por eso necesitamos de profesionales de distintas áreas”, Fermín agregó.
Sofia Mariño queda sorprendida ante la pregunta sobre su salud mental luego de ser despedida, dice que en efecto ser una psicóloga que se ha quedado sin trabajo no solo afecta su economía sino su salud mental. “Es necesario esto que yo te contaba: no se puede en soledad. No, no, no se puede atravesar una situación como esta solos o solas, hay que encontrarnos”. Dice que las primeras semanas de despido fueron horribles, se sentía destruida, pero que gracias a que cuenta con una psicóloga, amigos y familia puede llevarlo mejor. Además, muchos ex empleados despedidos del hospital se han mantenido unidos en la lucha por Bonaparte y el sistema de salud pública del país.
El 12 de marzo, Santiago Gusinsky empezó a trabajar el tema de la mirada con el grupo de jóvenes. El grupo hizo juntos máscaras de papel para afrontar este miedo, pero horas después, Gusinsky fue informado de que ya no trabajaba en el hospital. Ahora, los jóvenes que Santiago recibió sin tratamiento volvieron a quedarse sin uno.
El siguiente miércoles fue el último con sus pacientes. Se despidieron y terminaron las máscaras. “Aunque ahora pienso que quizás tengamos que hacer también el resto del disfraza,” dice Gusinsky. Próximamente, el gobierno comenzará a discutir una reforma migratoria que limitará el servicio de salud pública a quienes no tengan cédula argentina. Aunque los hospitales todavía están abiertos, muchos de sus programas han sido descontinuados. “Afrontar las consecuencias de la crisis económica desde una oficina es una lucha contra lo imposible”, afirma Gusinky.
Tiago Ramírez Baquero es un periodista y fotógrafo independiente colombiano que actualmente vive en Buenos Aires, Argentina. Su obra aborda temas como la desigualdad social y la crisis económica.
