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Este artículo fue publicado en inglés en la edición de primavera de 2026 de nuestra revista trimestral la NACLA Report.
En un continente atravesado por múltiples crisis solapadas —económicas, sanitarias, políticas, climáticas y de seguridad—, Luchas migrantes en tiempos pandémicos y de crisis: una mirada desde las Américas aparece como una obra urgente y profundamente necesaria. Coordinado por Amarela Varela-Huerta y Soledad Álvarez Velasco, el libro es fruto directo del proyecto transnacional (In)movilidad en las Américas y COVID-19, que reunió a más de 50 investigadoras e investigadores en plena pandemia para pensar, desde dentro y colectivamente, cómo la crisis sanitaria reconfiguró la movilidad, el control y la vida cotidiana de migrantes en el continente. El resultado es un volumen vibrante, escrito desde un lugar inequívoco: las migraciones como luchas, y las personas migrantes como sujetas políticas que transforman los territorios que atraviesan y habitan.
El libro se sitúa explícitamente en un cruce metodológico y político que dialoga con las perspectivas teóricas del giro móvil, que le da centralidad al movimiento en lugar del sedentarismo en los análisis sociales; la autonomía de las migraciones, que destaca cómo las migraciones preceden y rebasan el control; y el biopoder, cuya aportación es el entendimiento de los dispositivos de administración y disciplinamiento de las vidas migrantes. Pero su aporte más potente es otro: propone una mirada desde abajo que politiza el cuidado, desmonta las categorías sedentarias de ciudadanía, hogar y pertenencia, y propone el concepto de epidemiología popular migrante: un conjunto de saberes, prácticas y territorios de cuidado creados por comunidades en movimiento para sostener la vida en un contexto hostil. Esta perspectiva desborda el diagnóstico de la vulnerabilidad y sitúa a las personas migrantes como productoras de conocimiento, de solidaridades y de nuevas formas de acción política.
Los siete capítulos del libro recorren geografías diversas —Canadá, Colombia, Brasil, Chile, el Cono Sur, Puerto Rico— y muestran cómo la pandemia intensificó regímenes fronterizos ya en endurecimiento, pero también cómo los colectivos migrantes se reorganizaron para sobrevivir, desafiar y redefinir esos mismos regímenes.
Los siete capítulos del libro recorren geografías diversas —Canadá, Colombia, Brasil, Chile, el Cono Sur, Puerto Rico— y muestran cómo la pandemia intensificó regímenes fronterizos ya en endurecimiento, pero también cómo los colectivos migrantes se reorganizaron para sobrevivir, desafiar y redefinir esos mismos regímenes.
En el primer capítulo, Guillermo Candiz, Tanya Basok y Danièle Bélanger describen las condiciones extremas de explotación vividas por trabajadores agrícolas latinoamericanos en Quebec durante la pandemia. Frente a la hipermovilidad de la economía agroindustrial y el encierro forzado en granjas y barracas, emerge una figura central del libro: la del migrante que se fuga del trabajo esclavo moderno. Los autores muestran que estas fugas no son actos aislados, sino prácticas colectivas de desobediencia laboral que desbordan la ciudadanía formal y producen formas de ciudadanía desde abajo, basadas en el derecho a moverse, a cuidarse y a romper con la deportabilidad estructural.
En diálogo con el capítulo anterior, Eloy Rivas-Sánchez documenta cómo colectivos de personas sin papeles en Canadá articulan luchas por “estatus para todes”, cuestionando el apartheid legal que el Estado reproduce. Su aporte clave es conceptual: muestra cómo los movimientos de justicia migrante despliegan repertorios que reinventan la ciudadanía en clave global, desligándola de nacionalidad y anclándola en la práctica colectiva. Migrar, organizarse y exigir derechos se vuelve, aquí, una forma de fuga política ante la deportabilidad.
Janneth Clavijo Padilla, Adriana González Gil y Marcela Ceballos Medina investigan las caravanas y caminatas masivas de personas venezolanas y otros grupos en tránsito por Colombia. La pandemia no detuvo estos desplazamientos; por el contrario, profundizó su precarización. El capítulo introduce una noción clave para el libro: la colectivización de la movilidad, donde caminar en grupo no es solo estrategia de supervivencia, sino una forma de hacer visible la injusticia y disputar el espacio público en un país atravesado históricamente por el desplazamiento forzado.
En el caso brasileño, María del Carmen Villarreal Villamar analiza las campañas de migrantes y organizaciones que exigieron regularización durante la pandemia. Frente a un Estado desigual y racista, los colectivos migrantes posicionaron la regularización como precondición para la salud, ampliando el marco de los derechos desde una perspectiva que la autora llama “noción integral de salud social”. El capítulo revela el salto político: desde reclamar por protección sanitaria a cuestionar el propio modelo de ciudadanía excluyente.
Nanette Liberona Concha muestra cómo en Tarapacá, una de las zonas más racistas y militarizadas de Chile, organizaciones de migrantes como la Asamblea Abierta de migrantes y promigrantes de Tarapacá (AMPRO) articularon comedores, albergues y redes de abastecimiento en pleno contexto pandémico. Aquí, “el cuidado rebasa las nacionalidades”: se construyen territorios de cuidado que confrontan la criminalización, los discursos xenófobos y el abandono estatal, reconfigurando la frontera desde prácticas cotidianas.
El capítulo de Carina Trabalón es uno de los más contundentes del libro. Rastrea cómo migrantes haitianos en ruta hacia Estados Unidos transforman las lógicas de movilidad del Cono Sur mediante lo que la autora identifica como “creolización de las migraciones”: adaptación creativa, circulación de códigos propios, cuidado comunitario y resistencias frente al racismo estructural. El texto muestra cómo estas prácticas confrontan no solo al COVID-19, sino a violencias más profundas, como la obstétrica, la escolar o la policial, que atraviesan el anti-haitianismo en Sudamérica.
Finalmente, Adriana Garriga-López, Patricia Noboa Ortega, Glorimarie Peña Alicea, Marinilda Rivera Díaz y Andrea C. Santiago Calvo exploran cómo migrantes en Puerto Rico —un territorio atravesado por el colonialismo, la austeridad y los desastres concatenados— produjeron nuevas formas de acompañamiento, sanación y organización comunitaria durante la pandemia. El capítulo ofrece una lectura potente del archipiélago como laboratorio de políticas necropolíticas, pero también como espacio donde emergen formas de resistencia que articulan salud, dignidad y memoria colectiva.
El libro no solo documenta luchas: las enuncia como clave interpretativa del presente. La obra ofrece otras claves narrativas para nombrar la experiencia migrante: proletariado nómada, itinerantes, diásporas en movimiento. Estas categorías, más políticas que administrativas, trabajan para desmigrantizar el lenguaje; para sacar la migración del lugar de la anomalía. De hecho, la desmigratización es una de las condiciones para descolonizar el campo de estudios migratorios: para dejar de mirar a la movilidad desde la sospecha estatal y comenzar a verla como forma histórica de reproducción social en el capitalismo global.
Luchas migrantes en tiempos pandémicos y de crisis logra algo poco común: construir una cartografía del continente desde quienes lo caminan. No romantiza, tampoco cae en la estetización del sufrimiento. Lo que hace es algo más político: restituir el carácter histórico, creativo y colectivo de la movilidad humana, incluso en sus condiciones más adversas. Para quienes trabajan en organizaciones de apoyo, para quienes investigan, para periodistas, activistas y lectoras de NACLA, este libro es una herramienta indispensable para entender cómo la pandemia no solo exacerbó desigualdades, sino que también multiplicó formas de solidaridad, organización y acción colectiva. En tiempos en que los Estados siguen profundizando el “distanciamiento social” hacia las personas migrantes, en que el sistema de asilo en Estados Unidos está suspendido y la patogenización migrante es la norma, este libro recuerda una verdad fundamental: la vida en movimiento siempre encuentra maneras de cuidarse, de resistir y de buscar líneas de escape.
Bruno Miranda es investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (IISUNAM).
