
Este artículo fue publicado en inglés en la edición de primavera de 2025 de nuestra revista trimestal NACLA Report.
Una bandera trans de más de dos metros flamea entre un mar de trabajadores y banderas de sindicatos de empleades estatales que protestan contra los despidos masivos en dicho ámbito. Es 10 de abril de 2024, en el microcentro de la Ciudad de Buenos Aires, y han pasado tan solo 4 meses del gobierno ultraderechista de Javier Milei que ubica a los trabajadores estatales como sus enemigos con el fin de justificar la destrucción del Estado. Como personas trans, travestis y no binaries, siempre hemos trabajado para sostener nuestra existencia, pero nadie se esperaba que fuéramos trabajadores del sector formal; sin embargo aquí estamos.
En Argentina, ha sido difícil que las personas trans, travestis y no binarias (TTNB) participemos, nos organicemos o incluso seamos imaginades —por otres o por nosotres mismes— como parte del mundo del trabajo formal y sus protecciones sociales, debido a exclusiones históricas en ámbitos familiares, educativos y laborales. En 2012, el país sancionó una Ley de Identidad de Género, mundialmente caracterizada como de vanguardia, que ha permitido el reconocimiento legal del género y el acceso a servicios de salud transicional. Pero la exclusión en el trabajo formal recién comenzó a ser reparada y revertida parcialmente por los cupos laborales que reservan el 1 por ciento de los empleos en el sector público para personas travesti-trans. Estos cupos existen, gracias a luchas continuas, desde 2015 en distintas provincias y municipios, y desde 2020 también en el Estado nacional.
Nuestras investigaciones sobre el cupo en el ámbito del Sector Público Nacional muestran que las personas TTNB solo llegaron a alcanzar como máximo el 0,17 por ciento del plantel, y que frecuentemente enfrentan condiciones laborales adversas: contrataciones temporarias, bajos salarios o tratos transfóbicos. Sin embargo, el cupo permitió la contratación de más de 955 trabajadorxs TTNB en el ámbito nacional, mejorando radicalmente sus condiciones materiales de vida.
Con la llegada de un gobierno con orientación de extrema derecha a fines de 2023, la situación de esta política es aún más complicada. Se han desarticulado sus mecanismos de control y no se cuenta con un registro oficial que dé cuenta de su implementación. Asimismo, desde febrero de 2024, se ha despedido a 150 personas TTNB en el sector público nacional, lo cual constituye el 1,3 por ciento de los 11.840 despidos registrados en este ámbito. Es decir, el colectivo ha sido afectado por los despidos de forma desproporcionadamente alta. La cifra de despidos TTNB fue construida gracias al relevamiento llevado adelante por Zaguán TranSindical, un frente de trabajadorxs travestis, trans y no binaries del Estado en Argentina, que integran dos de los autores de este artículo (Sánchez y Laterra). En ese relevamiento y en las investigaciones llevadas a cabo por Laterra y Fernández Romero, muchas personas también relatan que renunciaron a sus trabajos debido al crecimiento de la violencia en los espacios de trabajo proveniente de los discursos de odio y la desidia en la conducción de los espacios de trabajo.
Un zaguán es un pasillo de entrada, un umbral que no está del todo adentro ni afuera, pero donde también pueden suceder muchas cosas. Un zaguán es un pasillo de entrada, un umbral que no está del todo adentro ni afuera, pero donde también pueden suceder muchas cosas. Zaguán TranSindical se fundó en 2023 desde la conciencia de que para garantizar los derechos laborales de trabajadorxs trans, debería existir una acción conjunta. Estos derechos, además, abren las puertas a otros que nos permiten tener vidas más vivibles, más estables y con posibilidad de proyectarnos. Más allá de las consecuencias positivas individuales para quien obtiene un trabajo formal, las acciones de Zaguán permitieron reflexionar sobre el ser trabajadores específicamente en el ámbito del Estado, acercando miradas travestis y trans para mejorar tanto las políticas públicas para el colectivo como las sindicales. Con la llegada del gobierno de Milei, Zaguán comenzó a realizar acciones colectivas y transversales con distintos sindicatos de trabajadores estatales para resistir los despidos y acompañar a les trabajadores travestis y trans. Zaguán vino a tomar un rol en repensar y accionar sobre algunas de esas estructuras sindicales y dar voz a las/los/les trabajadorxs travestis y trans.
Nos centramos en la experiencia de Zaguán para preguntar: ¿cuáles son las implicancias políticas de activar en la intersección entre personas TTNB y el trabajo formal? ¿Cómo se logró instalar la defensa del colectivo TTNB como parte de las agendas sindicales, acercando universos que parecían incompatibles? ¿De qué manera la organización de trabajadores formales TTNB expande los imaginarios sobre la relación entre personas TTNB y el trabajo? ¿Cuáles son los desafíos colectivos en torno a la organización por sobre los individualismos y la política identitaria?
Retos y luchas para constituirse en trabajadorxs trans
Así como no se esperaba que fuéramos trabajadores formales, nuestras realidades tampoco suelen ser visibles en las estadísticas. Recién el último censo poblacional de 2022 permitió reconocer –hasta cierto punto– a les censades TTNB, y arrojó un panorama de las inequidades en el ambiente laboral. Nuestro propio análisis de los datos censales muestra que la tasa de desocupación de feminidades trans en ese año era del 13,28 por ciento, de masculinidades trans el 15,75 por ciento, y de personas no binarias el 16,95 por ciento, versus un 8,49 por ciento para la población total. Entre quienes poseían un trabajo, las tasas de informalidad alcanzaban un 50,15 por ciento, un 46,43 por ciento y un 44,75 por ciento respectivamente, mientras que la población cis alcanza a 42,61 por ciento. Lo que da cuenta es que más allá de las tasas de desocupación, y a diferencia de las narrativas convencionales, las personas trans trabajan pero arrojadas a diferentes formas de precarización, inestabilidad, vulnerabilidad y desprotección en relación con el trabajo.
Fue la persistencia en la lucha contra estas inequidades lo que parió leyes de cupo casi únicas en el mundo para brindar acceso al empleo formal. El cupo de 1 por ciento comenzó en 2015 en el sector público de la provincia de Buenos Aires para personas travestis, transexuales y transgénero logrado por el Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación, fundado por la activista travesti Diana Sacayán.

Nos parece destacable reconocer que mucho antes de conseguir las leyes, hubo personas trans organizándose en torno a lo laboral, en muchos casos en relación con el trabajo sexual, o ya en el siglo XXI en torno a otros tipos de trabajo como cooperativas textiles y colectividades de trabajadorxs de la salud. Eventualmente, la acumulación de estas luchas derivó en la sanción de los cupos. Asimismo, algunas travestis y personas trans que, a principios de siglo, lograron ingresar a trabajos estatales han tenido participaciones muy activas dentro de los sindicatos, aunque teniendo que minimizar los reclamos de la comunidad travesti trans en relación con el trabajo para evitar fricciones con el cisexismo sindical.
Con la existencia de los cupos, se pudo llegar a una masa crítica de trabajadorxs estatales que en 2023 dio lugar a las inquietudes e imaginarios para que existiera Zaguán TranSindical.
Acortando distancias entre el mundo TTNB y el sindicalismo
Es difícil hablar del activismo de trabajadores o bien de sindicalismo en una coyuntura que afronta por un lado, una enorme crisis del trabajo formal, y por otro la pertenencia de las/los/les trabajadores como parte de una clase. Asimismo, el sindicalismo argentino y sus acciones gremiales afrontan una grave crisis de credibilidad. Zaguán nace en este escenario post pandémico y en los albores de una nueva época signada por gobiernos de derecha como una organización que combina el cruce de trabajadorxs travestis, trans y no binaries con el deseo de llevar adelante acciones sindicales que velen por nuestras condiciones de trabajo.
Desde Zaguán siempre se supo que su existencia iba a ser un lugar incómodo hacia muchas direcciones, ya que no sólo desafía las lógicas interiores a los sindicatos, sino también las que prevalecen dentro de los colectivos TTNB. Quienes impulsaron Zaguán decidieron habitar esa incomodidad y ambigüedad, conocida por muchas personas trans.
En efecto, cuando en 2024 comenzaron los despidos de TTNB en el Sector Público Nacional, algunas de las primeras estrategias dentro de las comunidades fueron dar apoyo comunitario, organizando colectas o ayudando a buscar otras fuentes de ingresos pero sin reclamar contra los despidos. Uno de los roles cruciales de Zaguán fue activar con les despedides para asegurarse de que pudieran tener presentes sus derechos laborales y sostener vínculos con algún sindicato, por ejemplo, acompañando las estrategias legales ante los despidos y otras irregularidades en los espacios de trabajo. Actualmente hay más de 50 demandas judiciales en curso a través de diferentes sindicatos que están dando antecedentes jurídicos para defender nuestro derecho al trabajo y a una vida digna. Zaguán también produce conocimiento, registrando los despidos para documentar la (des)implementación de ley de cupo y pudiendo brindar evidencia empírica ante la defensa de los puestos de trabajo.
Inicialmente no resultaba obvio que Zaguán fuera a obtener apoyo de los movimientos TTNB ya que se observaba una resistencia a la política sindical dentro del colectivo. Muches trabajadores del cupo no habían obtenido respuestas de sus sindicatos cuando se acercaban para plantear problemas en sus lugares de trabajo. Otres simplemente no estaban acostumbrades a tener trabajos formales donde existiera tal cosa como la acción gremial, o a organizarse en base a una identidad —como la identidad trabajadora— que no estuviera explícitamente vinculada con el género o la diversidad sexual. Pero Zaguán recibió el apoyo de figuras clave como la histórica referente travesti Marlene Wayar, y al ir logrando reincorporaciones de despedides, la estrategia sindical colectiva fue ganando confiabilidad dentro de nuestras comunidades.
A la inversa, la presencia de personas TTNB en espacios de trabajo formal como el empleo público, y los planteos de Zaguán en particular, desconcertaban a un sindicalismo acostumbrado al imaginario de un cuerpo trabajador cis y a formas de organización más bien verticales y rígidas. De hecho, la organización surgió antes de la asunción de Milei al observar que los gremios no solían hacerse cargo de las violencias laborales que les planteaban les trabajadores TTNB. Tampoco contemplan las formas de vida TTNB en sus políticas de bienestar, que se orientan más a atender a familias nucleares, sobre todo cis-heterosexuales. Por ejemplo, ofrecen canastas de productos para bebés o niñes en edad escolar, o espacios para que les afiliades vacacionen con sus parejas e hijes. Un logro en este sentido había sido que un sindicato comenzara a ofrecer descuentos en fajas de compresión de pecho. Pero, ¿podría caber una “familia travesti” en los hoteles sindicales de vacaciones en la costa atlántica?
Una deuda histórica y acumulada
Cuando comenzaron los despidos en el Estado, muches sindicalistas no comprendían que el cupo TTNB venía a saldar una deuda histórica de discriminación a la población travesti y trans en el derecho al acceso al trabajo. Fue laborioso lograr que los sindicatos dimensionaran por qué resulta tan devastador el despido de las personas trans y por qué estas se encuentran entre quienes necesitan con más urgencia que se defienda su reincorporación. En efecto, muches sostenían —con razón— que todos los despidos incrementan la precariedad de les afectades. Sin embargo, empezaron a comprender el planteo de Zaguán y de otres activistas TTNB cuando estos pusieron sobre la mesa las condiciones de vida del colectivo.
En lo inmediato, al ser despedidas, muchas personas trans no cuentan con apoyo de sus familias de origen —por ejemplo, para seguir alimentándose o para no terminar en situación de calle—, sino de sus vínculos comunitarios que poseen condiciones de vida tanto o más precarias. Además, por discriminación transfóbica en el mundo del trabajo, tienen menores probabilidades de conseguir otro empleo.

Las personas TTNB acarrean una precariedad acumulada en el tiempo que disminuye su capacidad para afrontar una crisis como un despido. Muchas recién tuvieron su primer trabajo formal gracias al cupo, lo cual les dio cierta estabilidad coyuntural; pero no tuvieron tanto tiempo como sus compañeres cis para ahorrar para situaciones de emergencia, acceder a una vivienda, o terminar de atender situaciones de salud críticas que recién pudieron abordar mediante la obra social del trabajo. Algunes pudieron empezar o retomar estudios formales, lo cual no habían podido hacer debido a la expulsión temprana de sus hogares o de las instituciones educativas, o por la inestabilidad del trabajo informal; pero no llegaron todavía a graduarse, lo cual también dificulta que sean empleades en otro sitio.
A nivel práctico, también llevó trabajo lograr que les sindicalistas entendieran el cupo laboral TTNB como una herramienta dentro de la lucha más amplia por los despidos masivos. En una provincia, por ejemplo, un sindicato logró negociar que se revirtiera cierta cantidad de despidos. Pero la mayoría de las reincorporaciones fueron de personas TTNB, lo cual se podría haber logrado simplemente apelando a la ilegalidad de los despidos de les contratades por cupo. Esto hubiera permitido que no contaran como parte de la negociación, y así reincorporar a más empleades cis.
Además, gracias al trabajo conjunto entre Zaguán y les abogades de algunos sindicatos, se logró difundir el conocimiento de que se puede proceder de una forma específica en los casos de despidos de personas trans. Aún si se judicializan, la mayoría de los despidos se sostienen hasta que un juzgado determine que fueron ilegales. Pero cuando el despido genera el riesgo de llevar a la persona a una situación de vulnerabilidad extrema, como ocurre con las personas trans, se pueden presentar medidas cautelares donde el procedimiento es al revés: el Estado se ve obligado a mantener a la persona en su puesto hasta que la Justicia determine la ilegalidad del despido. Esto es crucial para que personas TTNB mantengan sus ingresos y su acceso a la seguridad social durante los largos procesos judiciales, aunque no les preserva de la hostilidad de trabajar y reinstalarse diariamente en instituciones que están activamente intentando expulsarles.
Imaginando a lxs trabajdorxs trans
Más allá de la experiencia específica de Zaguán, la entrada de personas TTNB al trabajo formal ha logrado cambiar los imaginarios que existen sobre el colectivo, desde dentro y fuera del mismo. En la construcción de este artículo, reflexionamos acerca de lo reciente que es la posibilidad de ser “las dos cosas al mismo tiempo”: ser abiertamente TTNB y simultáneamente une empleade del sector formal. Antes, aún si alguien cumplía ambos roles, era difícil encarnar subjetivamente o ser viste en ambas posiciones sin que una característica repeliera a la otra, como el agua y el aceite. Si conseguíamos un trabajo formal, a veces teníamos que minimizar nuestra identidad TTNB en el ámbito laboral para evitar la estigmatización persistente hacia el colectivo, o simplemente porque se imaginaba como incongruente en esos ámbitos la presencia de una persona TTNB.
En una dimensión espacial, se amplía el imaginario respecto a qué cuerpos generizados pueden estar en los ámbitos de trabajo formal, y qué entornos de trabajo pueden ocupar los cuerpos trans. Esto último implica expandir el repertorio de lo que las personas TTNB nos imaginamos haciendo. Muches trabajadores del cupo TTNB relatan que gracias a su empleo, se dan cuenta de que pueden hacer muchos más trabajos que los que aparecían en sus propias representaciones sobre sí mismes: “¡podemos laburar en un montón de cosas!”. Como colectivo, se nos abre el panorama hacia otros ámbitos para no estar siempre acotades a sectores donde el trabajo suele ser informal y muy precario, como la gastronomía, la cultura o el trabajo sexual.
Al tratarse específicamente de empleos formales, también se amplía el imaginario de quién puede tener la protección social, como el acceso a una cobertura de salud, a licencias por enfermedad o a una futura jubilación. Además del acceso al trabajo en sí mismo, esto constituye una deuda de las democracias con las personas TTNB, al menos en Latinoamérica.
La transformación en los imaginarios no opera sólo individualmente. La inserción de personas trans en la economía formal —pero sobre todo, nuestra organización a partir de ese rol— permitió instalar políticamente a esta población como parte de la clase trabajadora; ya no solo como una minoría ajena a la misma, que a lo sumo ha forjado alianzas con ella en instancias históricas como la crisis argentina del 2001. Esto continúa con la tradición organizativa previa en Argentina, como el movimiento de personas desocupadas, que en la década de 1990 irrumpió en las estructuras sindicales y partidarias previamente existentes al movilizar sectores marginados de las instituciones.
Por último, la presencia TTNB en los espacios de trabajo formal obligó a éstos a repensar algunas políticas internas, con efectos que alcanzan también a las personas cis. Por ejemplo, en una institución estatal, había mujeres trans y travestis que no llegaban a cumplir con los horarios porque continuaban ejerciendo el trabajo sexual de noche debido a los bajos sueldos. Esto coincidía con problemas similares de cumplir con los horarios que enfrentaban los empleados varones jóvenes cis, ya sea porque complementaban sus salarios trabajando para plataformas digitales o porque atravesaban consumos problemáticos de sustancias. Estas problemáticas no fueron pensadas por los sindicatos hasta que les trabajadores TTNB lo plantearon como un problema colectivo, en vez de como problemas individuales, llevando a los sindicatos a replantearse por primera vez cuestiones como la salud mental o el agotamiento devenido del pluriempleo. Leemos esto como consecuencia de la tradición TTNB de organizarse, lo cual nos diferencia de les otres trabajadores estatales que se hallan menos cohesionades a menos que tengan conciencia en la participación sindical.
Más allá de lo individual y lo identitario
Los cupos laborales TTNB pueden pensarse como prefiguraciones de algo que no sucedía: la presencia de personas TTNB en lugares de trabajo formal, incomodando, garantizando derechos y medios de vida. Al implementarse tan poco antes de la llegada de un gobierno de extrema derecha, quizás no sucedieron en el mejor momento ni las mejores condiciones, pero produjeron experiencias que antes eran impensadas. Por ello, ampliaron la imaginación social, política y subjetiva, aún a costa de mucho esfuerzo y sacrificio.
Esto sucedió en parte gracias a la masa crítica de individuos trans que ingresaron a empleos del sector público. Pero sostenemos que fue crucial el trabajo de organizaciones como Zaguán TranSindical para visibilizar el cruce entre la identidad TTNB y el estatus de trabajadorx formal y para asentarlo en las representaciones culturales, dentro y fuera de los lugares de trabajo.
El neoliberalismo busca fragmentar las luchas. El activismo trans podría haberse “cortado solo” para defender a sus propies trabajadorxs. Sin embargo, la convicción de Zaguán fue apostar a lo colectivo, y por ello —a pesar de las tensiones ya mencionadas— llamó a afiliarse y a articular con los sindicatos. Esto sucede a contramano de los tiempos actuales, donde muy pocas personas se están sumando a los sindicatos. Pero continúan siendo instituciones de interés en tanto estructuras que defienden derechos concebidos como colectivos; disputando algo del común. Aún así, los gremios son un campo incómodo, de contradicciones y frecuentemente expulsivo para personas trans. Acercarse a ellos se trata entonces de participar en una arena de disputa: disputar qué parte de los derechos colectivos gremiales y laborales podemos usufructuar como personas trans.
Como mencionamos arriba, esta coyuntura no encuentra a los sindicatos en su momento más fuerte en Argentina: además de estar atravesando una crisis social y económica gravísima, el país está en un momento de crisis de representación política, que también implica a los sindicatos. Internamente, hallamos obstáculos en las formas muy verticales, inflexibles y burocráticas de los sindicatos. Asimismo, si une trabajadorx trans no tiene una buena recepción por parte del delegado de su sector o de su junta interna, es difícil que sus condiciones de trabajo o problemáticas puedan ser escuchadas y abordadas en una instancia donde podría hallar una escucha más sensible a sus problemas. Al mismo tiempo, cada sindicato es muy heterogéneo en su interior, ya que poseen comisiones propias en cada institución estatal que pueden tener orientaciones muy distintas entre sí. Por ende, dos trabajadores TTNB afiliades a un mismo sindicato podían encontrar respuestas muy distintas frente a un mismo problema, según su lugar de trabajo.
Sin embargo, existen espacios de diálogo con el feminismo sindicalista donde las travestis históricas —como Lohana Berkins y Diana Sacayán— han dejado su huella, y donde las interconexiones movimentistas y la sensibilización en cuestiones LGTBQ+ durante las últimas décadas han dejado sus frutos. En estos espacios se comparte la confianza política construida y lógicas organizativas más abiertas y horizontales, propias de grupos más marginales o de base, donde se llevan adelante acciones colectivas sin necesariamente buscar rédito o reconocimiento personal. Sin embargo, no podemos decir que estos espacios sean homogéneos: también existen comisiones de “género y diversidad” cisexistas y transfóbicas.
Todas estas alianzas, si bien no son libres de contradicciones, son una apuesta a ampliar la organización y la coordinación más allá de la política de la identidad, ya que nos situamos en contextos donde lo sistémico excede la posibilidad de actuar como organizaciones travestis y trans. La crisis socio-económica nos exige formar parte de tramas comunitarias más amplias, relacionándonos con otras organizaciones que están disputando por lo común o que hacen un trabajo colectivo para sostener las vidas de las personas que el presente gobierno quiere eliminar o volver inviables. Si Zaguán hace este trabajo en relación al empleo formal, existen otras organizaciones que hacen lo propio en ámbitos tales como los proyectos educativos TTNP Mocha Celis y Shirley la Bombón Fines, la Liga Deportiva TTNB que crea espacios de deporte para jóvenes; la histórica Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina, el Archivo de la Memoria Trans que documenta y registra la memoria o Futuro Trans, que promueve los derechos de las población travesti trans y las niñeces.
A modo de reflexiones finales, la experiencia muestra que no se puede ser trabajadorx formal trans en soledad. Pero para mantener y ampliar derechos laborales a cada vez más personas TTNB —y al resto de la sociedad— hace falta también ser trabajadorxs junto con otres, más allá de este colectivo. Esta coyuntura mundial y local nos trae una vez más el desafío y la urgencia de pensar y reorganizar de forma colectiva nuestras condiciones de vida, pero también nos trae a la reflexión las aperturas imaginarias que pueden existir en momentos de crisis y ataque. A por esa resistencia que nos han legado nuestros antepasados travestis y trans.
Francisco Fernández Romero es Doctor en Geografía por la Universidad de Buenos Aires (UBA), Argentina. Como becario postdoctoral del CONICET, investiga en la intersección entre la geografía y los estudios trans, queer y de discapacidad. Es profesor en la UBA y en la Universidad Nacional de Tres de Febrero.
Pato Laterra es licenciado en Economía (FCE-UBA) y diplomado en Estudios Asistenciales (CLACSO). Es doctorando en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y docente de Economía Feminista. Su investigación se centra en el cuidado trans y las políticas públicas sociales. También es miembro de Zaguán TranSindical.
Víctor Sánchez es militante social y estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de las Madres de Plaza de Mayo. Fue trabajador del Ministeri Nacional de Salud y formó parte de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular. Actualmente es miembro de Zaguán Transindical, que promueve los derechos laborales y la organización sindical de les trabajadores trans y travestis.
