Paz desde abajo: Diez años después del Acuerdo de Paz de 2016 en Colombia

El número de otoño de 2026 del NACLA Report conmemora el décimo aniversario del Acuerdo de Paz de Colombia, poniendo en el centro las luchas populares por la dignidad, la justicia y una paz duradera.
Funeral de la lideresa indígena Sandra Liliana Peña Chocué, asesinada por disidencias de las FARC tras liderar esfuerzos para erradicar los cultivos ilícitos de coca en Caldono, Cauca, en abril de 2021. (Ariel Arango Prada / Entrelazando)

Este artículo fue publicado en inglés en la edición de otoño de 2026 de nuestra revista trimestral la NACLA Report. ¡Suscríbete hoy a la edición impresa!


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Diez años después de la firma del acuerdo de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) y el gobierno colombiano, la paz sigue siendo esquiva.

El acuerdo prometió poner fin a más de 50 años de guerra entre la insurgencia más antigua de América Latina y abordar algunas de las causas de la violencia a través de reformas. Sin embargo, la violencia persiste. Casi 500 excombatientes de las FARC-EP que firmaron el acuerdo y más de 1,700 activistas han sido asesinados, y, por más alarmantes que sean esas estadísticas, no logran capturar los efectos acumulados y residuales de la guerra.

Esta edición especial destaca el conocimiento producido por los procesos colectivos en territorios que luchan por construir lo que llamamos “paz desde abajo”.

Desde 2016, no hay un tema que haya generado más división en la política colombiana. Desde el ambicioso lema de la administración de Juan Manuel Santos, “Unidos por la paz”, hasta la revanchista “Paz con legalidad” de Iván Duque, a la visión más amplia de Gustavo Petro y la “Paz Total”, al nuevo presidente Abelardo de la Espriella y su abierta apuesta por la militarización, el péndulo político y de la paz del país ha oscilado, con cada administración sucesiva, entre el apoyo al Acuerdo y un rechazo reaccionario. No obstante, pese a sus diferencias, todos han expresado su apoyo por algo llamado “paz”.

Estas aproximaciones, que colectivamente se pueden concebir como formas de “paz desde arriba”, privilegian una forma de construcción de paz basada en las reformas institucionales por medio del ejercicio del poder estatal. Los contornos de este modelo fueron expresados claramente durante las primeras fases de las negociaciones por el expresidente y premio nobel de paz, Juan Manuel Santos, quien declaró que: “El modelo económico y político no está en discusión con las FARC.” Este modelo, que hemos descrito en otras ocasiones como “capitalista-colonial”, o como una expresión de la “matriz de dominación moderno-colonial”, tiene sus raíces en la violencia opresiva atada al desarrollo capitalista.

Gran parte de los análisis y comentarios sobre el décimo aniversario del acuerdo han privilegiado las voces de periodistas, académicos, y expertos en políticas públicas que escriben sobre la coyuntura posacuerdo de Colombia, reproduciendo constantemente esta perspectiva desde arriba. En cambio, esta edición especial destaca el conocimiento producido por los procesos colectivos en territorios que luchan por construir lo que llamamos “paz desde abajo”.

Minga Hacia Adentro. Una mujer indígena nasa de Sa’th Tama Kiwe, en Cauca, retira una mata de coca arrancada poco después del asesinato de la lideresa comunitaria Sandra Liliana Peña Chocué en 2021. (Ariel Arango Prada / Entrelazando)

En lugar de definir la paz desde abajo a través de un compromiso ideológico o un conjunto de prácticas compartidas, la entendemos como un concepto generativo para identificar una forma de praxis basada en la autodeterminación. La paz desde abajo no depende del permiso de las autoridades, aunque puede operar a través de mecanismos institucionales creados por el Acuerdo de paz de 2016 o rechazarlos del todo. De hecho, muchas de las contribuciones a este número plantean perspectivas políticas muy diferentes y a veces contradictorias entre sí. Reflexionar de forma crítica sobre estas diferencias es esencial para profundizar nuestro análisis sobre el momento actual. Como tal, la paz desde abajo es más grande que las ideas restringidas sobre la construcción de paz que tratan a los actores armados—como las fuerzas armadas, la policía, las guerrillas o los paramilitares—como los protagonistas.

La paz desde abajo nace de luchas sobre la construcción de las condiciones para la liberación aquí y ahora. Se manifiesta en acciones colectivas como la minga hacia adentro de la foto de portada. En la foto, tomada por el colectivo Entrelazando, una mujer de la comunidad Indígena Nasa de Sa’th Tama Kiwe en el Cauca, arranca un arbusto de coca de un cultivo de maíz poco después del asesinato de Sandra Liliana Peña Chocué en 2021. Peña Chocué fue gobernadora de su resguardo, y fue asesinada por llevar a cabo el mandato de su comunidad de expulsar a los traficantes de droga erradicando sus cultivos de coca y destruyendo sus semilleros. A pesar de las inminentes amenazas de violencia que se materializan una y otra vez, la comunidad, desafiante, sigue su lucha.

Mapeando la paz desde abajo

A propósito de los 10 años del Acuerdo de Paz, este número especial fue pensado para dialogar sobre la paz desde abajo desde las múltiples diferencias que constituyen Colombia. Como editores nos propusimos contar con voces provenientes de la diversidad geográfica del país: Amazonía, Orinoquía, Cauca, Caribe, Sierra Nevada de Santa Marta, Bogotá, Medellín, Eje Cafetero y el Pacífico, y de actores claves en la construcción de la paz: firmantes del Acuerdo de Paz, organizaciones de víctimas, campesinos, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, organizaciones de mujeres, organizaciones barriales, organizaciones LGBTIQ+ e intelectuales orgánicos, entre otros.

Reunión de la Comisión Étnica para la Paz y la Defensa de los Derechos Territoriales en Buenos Aires, Cauca. 2017. (Anthony Dest)

Si bien no están representadas aquí todas las voces que inciden en la construcción de paz desde abajo, este número reúne a algunas de aquellas que han sido fundamentales en la lucha por la paz como medio para garantizar la vida, la dignidad y la justicia. Desde una organización de excombatientes de las FARC-EP que busca a integrantes desaparecidos de la guerrilla hasta las luchas de personas queer por una vida digna en Medellín, las contribuciones exploran cómo las personas afrontan las complejidades del contexto posacuerdo mientras continúan organizándose en circunstancias extraordinariamente difíciles.

Estas diversas voces han construido y defendido formas de paz arraigadas en luchas que preceden por mucho al Acuerdo de Paz de 2016 y a otros esfuerzos de justicia transicional.  Los artículos permiten observar cómo sus luchas se articulan —o no— con los marcos oficiales de construcción de paz. Si bien algunas están en diálogo con mecanismos de justicia transicional, sus aspiraciones van más allá de los fundamentos liberales que han orientado el enfoque del Estado colombiano hacia la paz.

De esto dan cuenta sus miradas críticas a la implementación del Acuerdo de Paz. Estas incluyen desde un ritmo lento de implementación y recortes presupuestales en gobiernos como el de Duque; hasta la corrupción, la dependencia a la cooperación internacional, el exceso de burocracia, la falta de articulación interinstitucional, la fragmentación de la acción estatal y la debilidad para dar soluciones de raíz a problemas estructurales. Esto último, muy característico de las visiones liberales, está cobrando factura en asuntos tan fundamentales como el problema de las drogas ilícitas, los derechos de las víctimas, la autonomía económica de los firmantes, la implementación territorial del Acuerdo y la manera de abordar la violencia persistente.

Manifestación en defensa del Acuerdo de Paz tras la victoria del “No” en el plebiscito por la paz de 2016 en Colombia. (Diana Gómez Correal)

Sobre lo último, este número especial nos da pistas para comprender por qué la violencia continua en el país. Por una parte, el proceso de desmovilización paramilitar de la década de 2000 no logró desmantelar la violencia paramilitar, y los territorios que dejaron las FARC-EP fueron rápidamente ocupados por otros grupos armados dedicados a actividades tanto lícitas como ilícitas. Esto se complejiza en un país con una localización geoestratégica. No en vano los territorios que hablan en este número desde las palabras de quienes los habitan, cuentan con corredores y salidas al mar, una gran biodiversidad, oro, cultivos ilícitos y minerales de tierras raras hoy codiciados por el gran capital. Muchas personas continúan enfrentando violencia precisamente porque luchan por construir la paz desde abajo mediante diversas formas de resistencia.

Pese a los esfuerzos del gobierno de Petro por ampliar el alcance del Acuerdo, la propuesta de paz total no desarticuló esta maquinaria capitalista de guerra. En conjunto, los artículos muestran cómo las personas —y particularmente las y los jóvenes— siguen siendo reclutadas, asesinadas, desaparecidas y criminalizadas; cómo la violencia extrema se ha normalizado; cómo el desarrollo capitalista y el (neo)extractivismo continúan socavando los medios de vida de los pueblos; cómo el racismo, el patriarcado y la heteronormatividad se reproducen a través de múltiples formas de violencia; cómo los actores armados —en ocasiones en alianza con actores estatales— ejercen control económico, social, político y cultural sobre estos territorios, incluidas ciudades capitales como Medellín y Bogotá; y cómo continúa la estigmatización de quienes construyen la paz desde abajo.

El punto de resistencia Puente de las Mil Luchas durante el Paro Nacional de 2021 en Cali, Valle del Cauca. (Anthony Dest)

A pesar de las críticas planteadas a lo largo del número —en algunos casos no sin dificultad, dadas las implicaciones de señalar las deficiencias del Acuerdo en medio de nuevos ataques contra él—, la paz perdura como la firme determinación de quienes han sufrido la guerra de defender la vida y la dignidad.

En estos 10 años, por un lado, han florecido formas organizativas como las cooperativas de los firmantes; la búsqueda de personas dadas por desaparecidas se ha impulsado, aunque aún a un ritmo lento y quienes eran enemigos en contextos específicos como el cementerio en Palmira trabajan articuladamente para encontrar a las y los desaparecidos. Por el otro, se han tejido relaciones de co-existencia entre víctimas y responsables de la violencia —como Acuerdo Humanitario YA! en Yurumanguí— sin que medie un impositivo discurso de la reconciliación y el perdón. También se ha avanzado en el reconocimiento de las violencias experimentadas por las mujeres, los sectores LGBTIQ+, las y los colombianos en el exilio y los pueblos indígenas, afrocolombianos y Rrom, así como de sus derechos y experiencias particulares.

Las contribuciones reunidas aquí son más que ejercicios aspiracionales. Son luchas vivas, llenas de contradicciones, que, no obstante, contienen las semillas de un futuro diferente.

Si bien en medio de contextos violentos, se han construido estrategias de protección de la vida y los territorios; y se ha continuado resistiendo con dignidad. Un asunto que resulta de gran importancia es que en estos 10 años los procesos sociales se han reorganizado. Mientras unos se han desvanecido, debilitado o institucionalizado; otros se han transformado y han surgido o se han consolidado formas de protagonismo colectivo entre las mujeres, los sectores LGBTIQ+, los pueblos étnicos y campesinos y las víctimas. Un sujeto también relevante son las y los firmantes, quienes reivindican su carácter político, su compromiso con lo pacto y una identidad que les da soberanía.

Desde este carácter de actores relevantes de la paz, como ya lo mencionamos, la paz desde abajo lleva décadas construyéndose. Esto se ha hecho desde la vida cotidiana, el arte, lo organizativo, la resistencia, el sentipensamiento, la armonización espiritual y la producción de conocimiento propio. Las contribuciones reunidas aquí son más que ejercicios aspiracionales. Son luchas vivas, llenas de contradicciones, que, no obstante, contienen las semillas de un futuro diferente. Desde allí se formulan alternativas concretas y se llena de contenido la palabra paz.

Dependiendo de la experiencia de cada comunidad, esta puede significar dignificar la humanidad de los seres queridos que les arrebató la violencia, buscar a los desaparecidos, hacer el duelo y memoria de lo ocurrido, construir una sociedad antipatriarcal y antirracista centrada en el cuidado, vivir en libertad con la Madre Tierra o pintar el mundo multicolor y avanzar hacia nuestras propias visiones del bienestar colectivo. Dichas particularidades, incluida la de una paz urbana, coinciden en que la paz no es el mero silenciamiento de los fusiles; sino que debe materializar la justicia social, la defensa de la vida y la dignidad. Esta paz no puede lograrse sin cambios estructurales y sin reconocer la dignidad de todas las personas. Esta paz desde abajo se aleja del modelo liberal y su interés de mantener el capitalismo, la democracia liberal y el Estado-nación centralista y burocrático como las únicas vías posibles de organizar la sociedad, la transición, el presente y el futuro. Los artículos de este número demuestran que la paz desde arriba nunca logró borrar las aspiraciones de quienes han sido oprimidos por el orden existente, un recordatorio importante en el contexto del auge del fascismo y de las renovadas ambiciones imperiales condensadas en el lema ‘paz mediante la fuerza’. La construcción de paz se desarrolla en un escenario aún más complejo que el de 2016. Sin embargo, las luchas documentadas aquí no son exclusivas de Colombia. Resuenan entre comunidades de todo el mundo que enfrentan la militarización, el autoritarismo, el extractivismo, el despojo y otras amenazas existenciales. En conjunto, reafirman un compromiso compartido con la dignidad, el bienestar colectivo y la capacidad de todos los pueblos para determinar su propio futuro.


Anthony Dest es profesor adjunto y Gussenhoven Fellow de Geografía y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Su libro Paz disidente: Luchas autónomas y el estado en Colombia fue publicado en inglés 2025 y en español en 2026.

Diana Gómez Correal es una investigadora feminista decolonial y exviceministra de mujeres en Colombia. Tiene una maestría en historia de la Universidad Nacional de Colombia y un PhD en antropología de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Su libro De amor, sangre y vientre: politización de los sujetos victimizados y gestación de una paz transformadora fue publicado en 2024.