¿Perderá alguna vez la hoja de coca su estigma?

La reciente decisión de la Organización Mundial de la Salud de rechazar la reclasificación de la hoja de coca supone un nuevo fracaso a la hora de comprender la importancia cultural de esta planta.
 Detalle de hojas de coca en una plantación de Cruz Loma, Los Yungas, la mayor zona   de cultivo de coca de Bolivia. (Foto: Marcelo Pérez del Carpio)

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“La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha cometido un error atroz”, insistió David Choquehuanca, exvicepresidente de Bolivia, con la ira y la frustración a flor de piel. “Durante seis décadas, nuestra soberanía como pueblos indígenas ha sido violada por la prohibición internacional de la hoja de coca impuesta por las Naciones Unidas. Durante seis décadas hemos sufrido discriminación contra nuestros derechos legítimos a utilizar nuestra sagrada hoja de coca con fines nutricionales, curativos y rituales”.

Choquehuanca se refería a la reciente negativa de la OMS a recomendar que la clasificación internacional de la hoja de coca se separará de la de su derivado refinado, la cocaína. La hoja de coca —que contiene un 1 por ciento o menos del alcaloide de la cocaína— sigue en la misma categoría que drogas como la heroína y el fentanilo.

Bolivia y Colombia esperaban que la organización internacional reconociera que la coca no tiene cabida junto a sustancias que pueden ser objeto de abuso o que se pueden convertir fácilmente en drogas ilícitas.

La decisión del Comité de Expertos en Farmacodependencia (ECDD) de la OMS respondió a una solicitud  iniciada por Bolivia en 2023 —y posteriormente respaldada por Colombia— para reconsiderar la clasificación de la hoja de coca en la Convención Única de las Naciones Unidas sobre Estupefacientes de 1961, que actualmente establece regulaciones para 138 sustancias diferentes y ha sido ratificada por 186 países. Bolivia y Colombia esperaban que la organización internacional reconociera que la coca no tiene cabida junto a sustancias que pueden ser objeto de abuso o que se pueden convertir fácilmente en drogas ilícitas. 

“Esta revisión de la OMS era una oportunidad clave para corregir los errores históricos del pasado”, afirmó Marie Nougier, del Consorcio Internacional de Políticas de Drogas (IDPC). “Ha fracasado estrepitosamente en ello”.

Hace sesenta y cinco años, bajo una intensa presión de Estados Unidos, la hoja de coca fue incluida en una de las listas de drogas más estrictas de la ONU. “La inclusión original de la hoja de coca carecía de base científica, reflejaba actitudes abiertamente racistas y no reconocía el valor social, cultural, espiritual y nutricional de la coca”.

A lo largo de los Andes y la Amazonía, los pueblos locales llevan utilizando la hoja de coca desde hace al menos 8,000 años, y esta es un elemento esencial en la mayoría de las culturas indígenas andino-amazónicas. Aproximadamente cinco millones de personas consumen coca como medicina herbal y como estimulante suave, de forma similar al té o al café. “Sin la coca, no habríamos sobrevivido a la invasión y la colonización”, afirmó Choquehuanca. “No solo está presente en todos los rituales y acontecimientos de nuestras vidas, desde el nacimiento hasta la muerte, sino que es nuestra guía”.

El informe de la OMS

En 2023, la petición de Bolivia y Colombia  dio inicio a un proceso que, según la OMS, se limitó estrictamente a los criterios establecidos en la Convención de 1961: la evidencia de que la coca puede ser objeto de abuso y la facilidad con la que puede transformarse en una droga prohibida.

“Este enfoque tan limitado creó importantes restricciones en lo que la revisión de la OMS tuvo en cuenta”, afirmó John Walsh, director de Política de Drogas y los Andes de la Oficina de Washington para América Latina. “Esto significa que la OMS sigue estancada en la postura colonialista del pasado, incapaz de incorporar los criterios ampliados de la propia ONU en torno a los derechos indígenas”.

En cuanto al posible abuso de la coca, el informe afirma que aún no se han identificado problemas de salud relacionados con la coca. Añade que “puede ser más interesante descubrir si masticar hoja de coca tiene efectos positivos para la salud y si estos efectos son pueden transferirse  de entornos tradicionales a otros países y culturas”. 

El informe reconoce las propiedades antioxidantes, antiinflamatorias, antimicrobianas y anticancerígenas de la coca, al tiempo que critica duramente la “guerra contra las drogas” promovida por Estados Unidos y condena “los graves daños para la salud pública asociados a las estrategias de control de la coca”.

Dado que el informe no encontró ningún abuso sistemático asociado a la coca, la recomendación de la OMS en contra de la reclasificación se centró en el segundo criterio: la facilidad con la que la hoja de coca puede transformarse en cocaína. Dilkushi Poovendran, una oficial técnica de la OMS, describió el proceso como “bastante fácil de llevar a cabo”, añadiendo que “no se necesitan grandes volúmenes de hoja de coca, ni se requieren muchos productos químicos”. 

El polémico argumento de la convertibilidad oculta lo que parece haber sido la verdadera preocupación de la OMS: los recientes aumentos en la producción de hoja de coca y cocaína.

Muchos expertos en políticas de drogas no están de acuerdo. Los analistas suelen describir el proceso  de tres pasos para fabricar cocaína como complejo, largo y laborioso.

Convertir el té o la harina de coca en cocaína “estaría completamente fuera de lugar para alguien interesado en el tráfico de cocaína, ya que existen estrategias mucho más eficientes para fabricar la droga refinada”, explicó Walsh. Aunque la tasa de conversión varía en función del suelo, el clima y la variedad de coca, una tonelada métrica de hoja seca puede transformarse en poco menos de un kilo de cocaína con una pureza del 85 por ciento —una proporción ligeramente inferior a 1.000 a 1, según las propias cifras de la OMS

El polémico argumento de la convertibilidad oculta lo que parece haber sido la verdadera preocupación de la OMS: los recientes aumentos en la producción de hoja de coca y cocaína. “El aumento de la fabricación de cocaína y la expansión de los mercados de cocaína en todo el mundo claramente ensombrecen el proceso de revisión, lo que probablemente refuerza el sesgo a favor de la prohibición internacional de la coca”, añadió Walsh.

La decisión provoca indignación

Actualmente, el mercado mundial de cocaína está sobresaturado, lo que ha causado una caída de los precios y una mayor disponibilidad de la droga. Deus Mubangizi, director del Departamento de Políticas y Normas sobre Medicamentos y Productos Sanitarios de la OMS, declaró en un foro público sobre la recomendación de la OMS que “el aumento del cultivo [de coca] vino acompañado de un aumento de la producción de cocaína. Así que, con estas pruebas, no es momento de decir que vamos a eliminar los controles. De hecho, yo diría que tenemos que reforzarlos”.

Uno tras otro, los ponentes del foro rechazaron la decisión. 

Representantes de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos afirmaron que: “La hoja de coca ha sido estigmatizada y criminalizada debido a su asociación con la cocaína, lo que ha dado lugar a violaciones de la identidad cultural, la medicina tradicional y la autodeterminación, tal y como se reconoce en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de 2007”, afirmaron ante el foro público.

El exjefe de la lucha contra las drogas de Perú, Ricardo Soberón, rechazó la insinuación de la OMS de que legalizar la hoja de coca daría lugar a una mayor producción de cocaína: “Los representantes de todos los países entienden que cambiar legalmente el estatus de la coca no debilita sus obligaciones de prevenir su desviación hacia economías ilícitas”.

Anyi Ballesteros, una artesana de la organización colombiana Agroarte en el Cauca —una de las regiones donde se cultiva  una parte importante de la coca de Colombia— declaró que “la recomendación perpetúa un círculo vicioso que condena a comunidades enteras a la marginación, al tiempo que niega al mundo los beneficios ancestrales y potenciales de nuestra planta sagrada”.

“Hubo una falta total de coherencia entre el informe de la OMS y sus recomendaciones finales sobre el estatus de la coca”, añadió Isabel Pereira, del instituto de investigación colombiano DeJusticia, que colaboró estrechamente con el Gobierno de Gustavo Petro en la petición a la OMS.

La legalización es solo una panacea parcial

La posibilidad de un reconocimiento internacional de la hoja de coca no está exenta de generar posibles ganadores y perdedores dentro de los países andinos. “Dado que cultivos como el té, el café, las naranjas o las piñas se venden a precios tan bajos, la relativa facilidad de producción y transporte de la coca, así como su precio comparativamente más alto como cultivo ilícito, otorga a los cultivadores de coca una ventaja comparativa”, explicó Tom Grisaffi, antropólogo de la Universidad de St. Gallen, en Suiza, que lleva décadas investigando a los cultivadores de coca. “Los cultivadores me dicen que temen que la legalización pueda provocar una caída de los precios”.

Otro grupo temeroso de los cambios en el estatus internacional de la coca son los pueblos indígenas de las tierras bajas. Durante décadas se han visto expulsados de sus tierras por agricultores de las tierras altas y los valles andinos, a menudo empobrecidos, atraídos por el atractivo de la coca como cultivo comercial. Estos cultivadores de coca se han adentrado profundamente en las tierras bajas semitropicales, ampliando la frontera agrícola. Como resultado, los pueblos indígenas locales, algunos de los cuales no tienen vínculos medicinales ni culturales con la hoja de coca, se enfrentan a una enorme inseguridad debido a la incursión de la economía de la coca y la cocaína, un proceso que ha socavado de forma constante sus medios de vida, su cultura y su capacidad de autogobierno. 

El lento camino hacia la legalización

La más reciente revisión no es la primera vez que la OMS ha estudiado la coca a  profundidad. En 1995, una investigación fue suprimida por Estados Unidos, el mayor defensor mundial contra la modificación del estatus de la coca. Las conclusiones de la revisión fueron las mismas que las del último estudio. “El uso de las hojas de coca no parece tener efectos negativos para la salud y tiene funciones terapéuticas, sagradas y sociales positivas para las poblaciones indígenas andinas”, afirmaba el informe.

En 2013, Bolivia solicitó con éxito a la ONU una excepción a la Convención Única de 1961. La exención especial reconoció el derecho de los bolivianos a consumir la hoja a nivel nacional, tras cincuenta años de insistencia de la ONU en que el consumo de hoja de coca debía erradicarse por completo en todo el mundo. 

La estigmatización de la coca resulta indiscutible si se examinan más detenidamente las listas de la ONU.

En 2020 se produjo otro avance hacia la modernización de las leyes sobre drogas, cuando la Comisión de Estupefacientes de la ONU (CND) flexibilizó los controles internacionales sobre el cannabis siguiendo una recomendación de la OMS. Este cambio suscitó la esperanza de que la hoja de coca pudiera reclasificarse de manera similar, o incluso desclasificarse. Sin embargo, aunque el cannabis ha sido eliminado de la lista de las drogas más peligrosas del mundo, conocida como Lista 4, sigue estando clasificado en la siguiente categoría de drogas más peligrosas, la Lista 1, al igual que la coca.

La estigmatización de la coca resulta indiscutible si se examinan más detenidamente las listas de la ONU. Otras plantas, que también tienen usos tradicionales pero que, a diferencia de la hoja de coca, han demostrado ser activamente perjudiciales para la salud humana, como el khat y la nuez de betel, siguen sin estar reguladas por la ONU. Y la efedra, que es el ingrediente principal de la metanfetamina, al igual que la coca lo es de la cocaína, no figura en ninguna lista.

En esta ocasión, la influencia directa de EE.UU. fue menos evidente. Cuando la OMS formuló su recomendación, Estados Unidos, su principal financiador, ya había retirado toda su financiación al organismo internacional de salud. “La retirada de fondos por parte de EE.UU. reforzó claramente la propia tendencia de la OMS a mantener la hoja en la misma categoría de estupefacientes”, afirmó Walsh.

Llevar la hoja de coca al mundo

Para los países productores de coca, el quid de la cuestión de la reclasificación radica en obtener permiso para vender productos de hoja de coca a nivel internacional. La demanda de la hoja sin duda existe. “Cada semana nos llega una avalancha de solicitudes internacionales por Internet pidiendo té de coca”, dijo Ricardo Hegedus, gerente del mayor productor de té de Bolivia, Windsor Tea. “Nuestro sueño siempre ha sido hacer crecer el mercado legal. En su estado natural, la hoja es un maravilloso regalo de la naturaleza, que proporciona un estimulante moderado —como el café, pero sin generar nervios— y que además contiene una generosa dosis de vitaminas y minerales”.

“Si no podemos vender nuestra coca legalmente en los mercados internacionales, los productores se ven inevitablemente empujados al mercado ilegal para ganarse la vida”, afirmó Daynor Choque, presidente de la organización regional de comercialización de cultivadores de coca del este de La Paz, Bolivia, donde la coca se cultiva desde hace miles de años. “Queremos poder vender nuestros productos de coca en todo el mundo”, 

Sin embargo, aunque la revisión crítica de la OMS fomenta una investigación científica más rigurosa, la complicada situación legal de la coca ha dificultado estos estudios. La reciente resolución significa que esta historia de investigación esporádica persistirá, limitando la capacidad de los científicos para descubrir y desarrollar usos saludables para la planta. 

Las posibilidades de que un tercer país dé un paso al frente para apelar la decisión de la OMS ante el Consejo Económico y Social de la ONU parecen escasas. “Con un nuevo gobierno en Bolivia y con Colombia llegando al final del mandato de Gustavo Petro, el tema está perdiendo todo el impulso que alguna vez tuvo”, afirmó Isabel Pereira, de DeJusticia. Esa inercia no hace más que agravarse por la tumultuosa y violenta aceleración de la “guerra contra las drogas” liderada por por parte de la administración de Donald Trump.

“La revisión crítica fue una prueba crucial para ver si el sistema de control de drogas de la ONU podía alinearse con el derecho internacional de los derechos humanos”, explicó Marie Nougier, del IPDC. “El resultado muestra que el actual sistema de control de drogas de la ONU está irremediablemente roto”.


Linda Farthing es periodista e investigadora independiente, coautora de cuatro libros sobre Bolivia. Ha escrito extensamente sobre América Latina, entre otros para The Guardian, The Nation, Al Jazeera y Ms. Magazine.