Exiliados, refugiados, desplazados: infancia y migración en las Américas

Entender la historia de la migración infantil y los discursos asociados a este fenómeno es fundamental para hacer frente a las políticas migratorias injustas en todo el hemisferio.

April 23, 2021

Art by Rini Templeton

Este es el primero de una serie de artículos sobre migración infantil del Grupo de Trabajo sobre Infancias y Migración.

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Traducción de Laura Pérez Carrara.

Mario celebró su primer cumpleaños en la travesía. Pero no hubo mucho festejo. Estaba a más de 3.000 kilómetros de su hogar, en un país que no era el suyo y separado de sus padres y la mayoría de sus hermanos.

Unos meses antes, hombres armados habían irrumpido en un encuentro familiar y secuestrado a nueve niños, entre ellos a Mario y a sus hermanos. Los secuestradores liberaron a los niños varios días después, pero el episodio dejó en claro que sus vidas corrían peligro. Sus padres le pidieron a una pareja de amigos cercanos que sacaran a Mario y a su hermano de siete años del país, lejos del peligro. Estaba previsto que sus hermanas partieran más adelante con sus abuelos.

Mario y su hermano llegaron sanos y salvos a su destino, donde esperaban en breve reunirse nuevamente con toda la familia. Pero nunca más volvieron a ver a sus padres. Seis meses después de la partida de Mario, en vísperas de emprender su propia huida a un lugar seguro, su padre fue muerto por militares, y su madre, que estaba embarazada, fue apresada, torturada y finalmente desaparecida.

La historia de Mario resuena hoy en las experiencias de innumerables niños centroamericanos que en los últimos años han huido de una terrible violencia en sus comunidades de origen, cruzando fronteras en busca de refugio. Pero la suya no es una historia sobre Centroamérica, ni tampoco es una historia del presente. La huida de Mario ocurrió en 1976, en el momento más álgido de la represión de la izquierda latinoamericana durante la Guerra Fría. El padre de Mario, Mario Roberto Santucho, era el líder de una de las guerrillas marxistas más grandes del hemisferio. El país del que huyeron los niños era Argentina. Su destino: Cuba.

Hay, por supuesto, diversas y profundas diferencias entre la experiencia de Mario y la de los niños centroamericanos refugiados de hoy: el contexto político, la naturaleza de la violencia, las implicancias geopolíticas de la huída de los pequeños, tanto para las sociedades de partida como para las de llegada, y ni que hablar de lo que sucedió en el caso de Mario y sus hermanos una vez llegados a destino. El Estado cubano, gracias a sus afinidades políticas con los padres revolucionarios, recibió a los niños con los brazos abiertos, ofreciéndoles protección primero en la embajada cubana en Buenos Aires y luego en La Habana.

Pero los paralelismos entre estas dos historias tan dispares de niños refugiados también son reveladores. El solo hecho de plantear la comparación nos invita a ver al movimiento transfronterizo de niños centroamericanos de los últimos años no como algo excepcional y sin precedentes, sino como parte de una historia más larga de movilidad infantil en el hemisferio. Nos invita a reflexionar también sobre los refugiados jóvenes que han cruzado otras fronteras, no solo la que separa a México de Estados Unidos. Nos propone, en suma, a pensar la migración infantil como un fenómeno social y político y a explorar las diversas maneras en que ha evolucionado en el tiempo y a lo largo y ancho del hemisferio.

Junto a un grupo interdisciplinario transnacional de colegas que trabajan sobre políticas de migración infantil, hemos reunido una serie de ensayos en los que se examinan estos temas. En su conjunto, los ensayos llaman a reflexionar sobre las siguientes interrogantes: ¿hasta qué punto la migración infantil tiene sus propias pautas, lógicas, políticas y geografías, distintas a las de la migración de adultos? ¿Qué podemos aprender de abordarla como un fenómeno diferenciado, tanto empírica como políticamente? Estas interrogantes son de una importancia acuciante, tanto por el número significativo de niños y jóvenes que se desplazan hoy por todo el hemisferio como por la hipervisibilidad política de la migración infantil.

Nacimiento de una “crisis”

En 2014, los medios de comunicación comenzaron a informar sobre una “oleada” de migrantes en la frontera entre Estados Unidos y México. Pero lo que distinguió ese momento y los patrones de detención fronteriza a partir de entonces no fueron las cifras absolutas de personas que cruzan la frontera, que en perspectiva histórica son inferiores a las de cualquier otro momento. Su particularidad está dada más bien por el perfil demográfico de los que cruzan, y más concretamente por la proporción de niños entre ellos. En 2014 aumentó el número de menores no acompañados que cruzaron la frontera, alcanzando los 68.541, según el Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras, sumados a 68.445 “unidades familiares”, término con el que los organismos de inmigraciones de Estados Unidos designan a los grupos compuestos por uno o más niños que viajan con uno o ambos padres. En total, respecto al año anterior, la cantidad de menores no acompañados se incrementó en un 77 % y la de familias en un 361 %. El “problema” particular que surgió en la frontera en 2014 no fue, por lo tanto, la migración en general sino específicamente la migración infantil.

Se podría decir que el hemisferio ha estado viviendo desde entonces a la sombra de 2014. Si bien la cantidad de niños migrantes, tanto menores no acompañados como niños en unidades familiares, ha fluctuado, las cifras se han mantenido altas. Lo sucedido en 2014 catalizó el establecimiento, durante el gobierno de Barack Obama, del actual aparato de detención de familias en Estados Unidos, en el marco del cual hasta la fecha se ha encarcelado a decenas de miles de padres e hijos migrantes. La “crisis” de 2014 también preparó el terreno para que dos años y medio más tarde el gobierno de Donald Trump comenzara a aplicar una serie de políticas ilegales y crueles dirigidas a disuadir a quienes buscaran asilo y criminalizarlos, así como a desmantelar las protecciones jurídicas a las que tienen derecho en virtud de las leyes nacionales y el derecho internacional. Los cuerpos de los niños migrantes y sus traumas emocionales se convirtieron en un territorio político para reafirmar las fronteras nacionales y los imperativos de seguridad nacional.

Al mismo tiempo, el trato que se da a los niños migrantes ha suscitado fuertes críticas del público. De las muchas políticas devastadoras introducidas por el gobierno de Trump, ninguna ha provocado una indignación tan potente y extendida como la política de separación de familias de 2018 y el escándalo de los “niños en jaulas” que estalló en la primavera de 2019. Ha corrido mucha tinta condenando, con razón, estas terribles violaciones de los derechos humanos. Sin embargo, lo que ha estado curiosamente ausente del debate público es un análisis crítico del fenómeno de la migración infantil y de la categoría de niño refugiado. Otro tema que ha estado ausente es cómo a través de violencia y medidas punitivas los Estados y sus instituciones han contribuido a producir nuevas categorías de niños migrantes, exiliados y refugiados.

Tras los pasos de los niños

¿En qué incide el hecho de que se trate de niños? La respuesta, en términos políticos, es que incide enormemente. La migración que tiene como protagonista a los niños suele ser caracterizada como una crisis específicamente humanitaria. Al caracterizarla de esa manera se la despolitiza y se aborda esta forma de movilidad como algo excepcional y carente de causas históricas. También implica ver a los migrantes jóvenes como víctimas en vez de agentes.

Los analistas antiinmigrantes, a su vez, utilizan la inocencia de los niños migrantes como arma para atacar a sus padres. Los adultos que cruzan la frontera no son solo criminales: son moral y culturalmente inefables, son padres que han puesto deliberadamente en riesgo a sus propios hijos. Otros sugieren que los niños migrantes no son, en realidad, tan ingenuos. Como llegó a decir Trump, “Parecen muy inocentes. No son inocentes”, invocando así los discursos polarizados de pureza e inocencia, peligro y complicidad a los que tanto se recurre para describir a los hijos de los marginados.

Por otra parte, las imágenes de niños sufriendo aportan una fuerte carga emotiva a los esfuerzos de defensa y protección de los activistas por los derechos de los inmigrantes. La indignación por la “separación de familias” fue tan grande que los activistas ahora utilizan esa expresión para describir diversas políticas antiinmigrantes que nada tienen que ver con la política fronteriza específica que denotaba originalmente.

Estas son solo algunas de las formas en que la presencia de niños habilita ciertas políticas migratorias, tanto a favor como en contra de la inmigración. Creemos que una mayor atención a la migración infantil—como fenómeno empírico (niños reales en una frontera real) y como concepto (los discursos y representaciones en torno a ellos)—puede servir para aportar fundamentos a la labor de académicos, defensores y activistas que se oponen a las políticas migratorias violentas e injustas que se han propagado por todo el hemisferio.

Esta serie de artículos de historiadores e investigadores de otras ciencias sociales provenientes de media docena de países explora distintos casos de migración infantil, de ayer y de hoy, como fenómenos empíricos y como políticas simbólicas. Partiendo de investigaciones originales, estas contribuciones abordan movimientos contemporáneos de jóvenes migrantes y solicitantes de asilo, así como movilidades anteriores de refugiados y exiliados que se remontan a la época de la Guerra Fría. También desvían la mirada de la frontera entre Estados Unidos y México, que suele ser el foco hegemónico, para contemplar y comparar formas de movimiento en todo el hemisferio, incluido el Cono Sur y la región de los Andes. Analizan la situación de niños que se desplazan como refugiados o en busca de asilo, como migrantes económicos y como sujetos de ciertas formas de migración que afectan específicamente a los niños, como la adopción transnacional.

Al igual que para muchos niños migrantes de hoy, para Mario y sus hermanos cruzar fronteras formaba parte de una estrategia de supervivencia. La historia de Mario, como las que se relatan en este dossier, nos invita a considerar el contexto y las causas de la movilidad de los niños, la violencia que sufren, el papel de los Estados y otros actores en sus trayectorias, las resistencias que protagonizan y las posibilidades que tienen de forjar nuevas vidas e identidades. Recordar la experiencia de Mario también nos permite reflexionar sobre los efectos pasados y presentes de las desigualdades sociales y raciales tan extendidas en el hemisferio y las diferencias entre refugiados de clase media como Mario y niños pobres, campesinos o indígenas. Por último, nos invita a pensar cómo la movilidad de los niños y los jóvenes habilita ciertos tipos de políticas, tanto represivas como liberadoras, no solo para los jóvenes, sino también para todos los migrantes.


Nara Milanich es una historiadora estadounidense que trabaja en Barnard College, Universidad de Columbia. Se dedica a la historia de la niñez, la familia y la reproducción. Ha trabajado como intérprete voluntaria en el centro de detención de ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) más grande de Estados Unidos, el South Texas Family Residential Center en Dilley, Texas.

Isabella Cosse es una historiadora nacida en Uruguay y radicada en Argentina. Es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y profesora de la Universidad Nacional de San Martín. Actualmente trabaja en un proyecto titulado Familia y políticas en la Argentina de la Guerra Fría.

Valentina Glockner es una antropóloga mexicana que trabaja en la Cátedra CONACYT de El Colegio de Sonora, México. Sus investigaciones se centran en las intersecciones de la antropología de la infancia, la (in)migración y el Estado.

Sobre el Grupo de Trabajo: En julio de 2020, las autoras formaron el Grupo de Trabajo sobre Infancias y Migración, conformado por diez colegas de cinco países y diversas disciplinas. Esta serie de artículos para NACLA es el primer proyecto de publicación del grupo.

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