La oposición venezolana y su escurridiza búsqueda por el poder

Por parte de la oposición, conflictos internos persistentes han impedido la coordinación de una propuesta politica sería para contestar el poder con éxito. ¿Puede democratizarse para lograr su meta?

March 11, 2022

Una marcha opositora, el 26 de octubre 2016, durante una ola de protestas contra el gobierno venezolano. (Hugo Londoño / CC BY-NC-SA 2.0)


Este artículo fue publicado originalmente en el ejemplar de primeravera 2022 del NACLA Report, nuestra revista trimestral.


Sin duda alguna, el chavismo ha desmantelado la institucionalidad democrática, generando así una crisis multidimensional en el país. Empero consideramos importante analizar a la oposición para comprender por qué ésta, a pesar de esuerzos importantes, ha fracasado en su promesa de alcanzar el cambio político. En esta conversación, abordamos el conflicto venezolano desde una perspectiva histórica y no convencional, es decir, se enfoca en el rol de la oposición y las estrategias opositoras para entender cómo éstas han tenido un impacto -y qué tipo de impacto- sobre la evolución del conflicto durante las últimas dos décadas. Nuestra conversación, realizada por Zoom, ha sido editada por su extensión y claridad.


Maryhen Jiménez: Para comprender la consolidación del autoritarismo en Venezuela y evaluar las probabilidades de democratización en un futuro tenemos que “hacer zoom” al campo opositor. Entender sus caracteristicas, alianzas, decisiones estratégicas a lo largo del tiempo. Es complejo, pero clave, ante los desaciertos de todos los sectores de oposición en los últimos años. ¿Cómo entiendes tu los fracasos e incapacidad de producir un cambio a nivel ejecutivo?  

Juan Manuel Trak: El conflicto político venezolano puede rastrearse desde la llegada de Chávez en 1999, o incluso antes. En primer lugar, hay quien dice que, durante estos veintidós dos años, el sistema político ha sido el mismo y lo cierto es que, desde mi punto de vista, eso es falso. En segundo lugar, también se ha dicho que los actores políticos de oposición, y también de gobierno, son exactamente los mismos desde el inicio del conflicto, lo cual es falso también. Yo creo que si podemos trazar un punto de partida en el conflicto político venezolano es precisamente la crisis de representación de los partidos políticos de la década de los 90, la incapacidad de los partidos para reformarse a sí mismos, para asumir nuevas formas de inclusión tanto dentro de los partidos mismos como cuando estaban en el gobierno, es decir, sus políticas públicas.

Es decir, teníamos partidos políticos, los cuales seguían funcionando como si estuviéramos en los años 60: partidos que tutelaban, partidos dependientes de un caudillo, partidos en donde el poder era distribuido entre esa camarilla que dominaba a dichas organizaciones. Una vez que eso fracasó, tuvimos la crisis de representación de los partidos, que primero se expresa en Rafael Caldera y “el chiripero”. Luego llega Chávez, y al salir de prisión por lo del golpe de Estado de 1992, llama a la abstención en las regionales del 95, pero participa en las presidenciales de 1998 y llega a ser el más votado.

MJ: Ahora, otro parteaguas es el debilitamiento que vemos hasta el día de hoy en los partidos de oposición, el cual radica en la ausencia de financiamiento público desde la nueva Constitución del 99. En un contexto que se fue tornando cada vez más autoritario, no contar con un financiamiento estable ha puesto a los partidos en una situación de supervivencia, mientras que el partido de gobierno se ha financiado directamente con recursos del Estado. 

En los primeros años del conflicto, y precisamente por el colapso del sistema de partidos y su debilitamiento, vemos a una oposición no-partidista diseñar estrategias y toma decisiones. A la hora de no poder influenciar la política, como lo esperaban, y evidentemente ante la deriva autoritaria del chavismo en sus primeros años, estos poderes fácticos tomaron caminos y estrategias de alta confrontación con el presidente. Esta primera etapa es clave porque se perfila e impone una forma inmediatista y extrainstitucional de resolver el conflicto. Veremos desde entonces, una división estratégica: algunos consideraban que la ruta institucional, electoral y más de corto y mediano plazo era la estrategia a seguir y otros factores predominantemente los poderes fácticos consideraban que el presidente tenía que irse “ya” y “como fuere”.

JMT: Chávez tomó ventaja de esta crisis de representación para promover un modelo teóricamente “apartidista”, pero que en el fondo escondía la anulación de las estructuras de los partidos. Sabiendo del desprestigio de los partidos, quitarles el financiamiento era un acto popular en ese momento y con esto desarticuló a parte de la oposición. La eliminación del financiamiento hizo del clientelismo y el patronazgo la principal forma de financiar las estructuras partidarias. Al no tener victoria electorales significativas, los partidos políticos no solo perdieron su financiamiento y estructura formal, sino también fueron perdiendo esas estructuras informales, algunas de las cuales migraron al partido del gobierno. Cuando el Movimiento V República (MVR) viene a rematar en las primeras elecciones en el 2000 pero sobre todo en 2004, todo eso que antiguamente eran estructuras informales regionales de Acción Democrática y Copei, pasaron al MVR o fueron menguando significativamente.

A veces la política se concentra tanto en lo nacional que olvidamos que las estructuras importantes para la movilización social y política están en las regiones, en las gobernaciones y alcaldías. La desconexión de los partidos con las regiones, producto de estas dos estrategias de gobierno, le dieron a Chávez la posibilidad de avanzar sin oposición partidista hasta 2006. Teníamos actores entonces fácticos que eran fuerza armada, medios de comunicación, empresarios y elite sindicalista haciendo la oposición entre 2000 y 2004, tanto así que cuando se dio el golpe de Estado del 11 de abril, se autoproclama un miembro de la élite económica vinculada a los partidos tradicionales, dejando de lado cualquier acuerdo en la Asamblea Nacional de ese momento.

En ese primer momento tenemos una oposición fáctica que estaba buscando caminos rápidos para desplazar a Chávez. Incluso, habiendo participado en el referéndum, esta oposición no reconoció ese resultado e impulsó la abstención en las parlamentarias de 2005. Ahí tenemos entonces a una oposición partidista desdibujada detrás de actores fácticos, con estrategias de confrontación maximalista tratando de derrocar a un gobierno que, si bien tenía unas prácticas autoritarias, todavía no había llegado a ser un gobierno autoritario y represor, como empezó a serlo luego de 2006.

MJ: También considero importante entender a la oposición a través de sus ciclos de derrota y (relativa) recuperación. Debemos, además, estudiar cuándo y por qué se impone alguno de los dos clivajes estratégicos, la ruta maximalista versus la ruta de acumulación de fuerzas. El cortoplacismo y falta de pluralismo en el campo opositor no ha permitido a la oposición tener un crecimiento más natural, precisamente de acumulación de fuerza, porque siempre tiene que volver a el punto inicial post-derrota, asumiendo los costos de esa derrota.

Otro momento significativo para entender el proceso de erosión democrática y debilitamiento opositor es el boicot del 2005, después de la derrota del referéndum en 2004. Los poderes fácticos, al no poder imponer su visión estratégica, abandonan a los partidos e imponen la ruta de la abstención. Y por ello, después del 2005, el chavismo tiene la Asamblea Nacional por cinco años, sin presencia opositora, y puede legislar y promulgar leyes de carácter autoritario.

Ante las presidenciales del 2006, los partidos se plantean la idea de presentar un solo candidato frente a Chávez y inician como yo lo he llamado la “coordinación informal” entre Manuel Rosales, Teodoro Petkoff y Julio Borges. En ese momento realmente nadie se planteaba que la oposición podía ganar, porque Chávez contaba con alta popularidad y unos precios del petróleo favorables que le permitieron financiar proyectos sociales para ganar. Aun así, la oposición, bajo la conducción de Manuel Rosales, asume esa campaña con todo en contra. Eso le permite precisamente generar vínculos que había abandonado, es decir, la campaña va generando esa movilización a nivel nacional, que, si bien no logra ganar, fortalece la recuperación de la estrategia electoral-institucional.

Lo que vemos en esos primeros años es, no solamente la transición del régimen chavista hacia un régimen híbrido, sino también una mutación muy importante en el mundo opositor. Muchas veces, se suelen comprender estos dos polos como polos monolíticos, cuando en realidad han sido muy diversos desde su origen. Tanto el chavismo como oposición han mutado a lo largo del tiempo.

Un grafiti en Caracas expresa el descontento con la decisión de la MUD de participar en las elecciones regionales del 2017. (Jamez42 / CC BY-SA 4.0)

JMT: Ciertamente. Por un lado, tienes que mucha de la gente que al principio apoyó a Chávez desde movimientos de centro izquierda terminó en Un Nuevo Tiempo, cuando Manuel Rosales queda como candidato para el 2006. Luego, las personas que creían realmente en la democracia, que apoyaban a Chávez en su momento, al ver la deriva autoritaria del Gobierno, salen en este sexenio. Tanto así que PODEMOS, un partido de la Asamblea Nacional del 2005, que era parte del chavismo, rompe con la propuesta de reforma de la Constitución de 2007. Con la reforma que tergiversaba la Constitución, el chavismo perdió aliados democráticos dentro de la izquierda y en la centroizquierda. Mientras la oposición se va reconstruyendo alrededor de este polo cuya mínimo común era la identidad antichavista, pero que esconde una gran diversidad ideológica, regional y generacional.

Es decir, lo que llamamos oposición antichavista es una constelación de diferentes actores con diferentes perspectivas del país, muchos de los cuales se opusieron entre ellos, eran rivales ideológicos. Cuando se trata de que el conflicto venezolano de forma maniquea de izquierda a derecha se pierde de vista que dentro de la oposición venezolana hay una diversidad en el espectro ideológico.

Lo mismo ocurre en el chavismo. Hay sectores muy conservadores, casi antagónicos a las nuevas demandas que se hacen desde la izquierda en otros países, como pueden ser el matrimonio igualitario, la despenalización del aborto o el uso de drogas. Allí hay mucho conservadurismo social y machismo.

Entre 2006 y 2015 es el periodo de mejor desempeño de la oposición partidista, cuando lograron generar una articulación mediante la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Pero, una vez que tuvieron éxito en 2015 no supieron que hacer con el poder. El sin fin de partidos y liderazgos en la MUD hizo cada vez más difícil tomar las decisiones, el proceso era muy lento y los resultados costosos para la mayoría de los partidos.

También hay que tomar en cuenta que el chavismo entró en crisis por la muerte de Chávez y se inicia una deriva autoritaria de Maduro para mantener el poder a toda costa. Hay defecciones importantes como la Fiscal Luisa Ortega Días, y el ex ministro de interiores y ex jefe de inteligencia Miguel Rodríguez Torres, entre otros, lo cual también generó un cambio dentro de la oposición, pues se inicia un debate sobre si incorporarlos o no a la oposición.

MJ: Creo que tenemos que resaltar que en la experiencia venezolana la única plataforma que realmente ha funcionado para los votantes ha sido la MUD. En el marco de esta alianza partidista, la oposición pudo ponerse de acuerdo en torno a unas reglas y unos mecanismos de toma de decisiones y resolución de conflictos. Sin embargo, los conflictos reaparecen una vez que la oposición va creciendo porque su fortalecimiento le genera nuevos dilemas. Por ejemplo, en 2014, ante la derrota en las presidenciales 2013 y el inicio de la crisis económica, un sector de la oposición decide jugar solo para convertirse en la primera opción opositora. Después de esas tensiones y la incapacidad de ese sector de forzar el cambio de régimen a través de protestas de “La Salida”, regresan estos actores a la MUD y tan solo un año después, en 2015, gracias a esa coordinación ganan una mayoría inesperada en la Asamblea Nacional. 

Esa elección y victoria luego se usará como base jurídica en 2019 para justificar la creación de un “gobierno interino” liderado por Voluntad Popular a través de Juan Guaidó. Desde entonces, la dinámica del conflicto y los intereses de las élites han mutado; y podemos decir que ni la Asamblea Nacional, ni el llamado “interinato” ha logrado implementar su promesa de democratización, que también se ha visto afectada por el contexto de emergencia humanitaria, colapso económico, migración forzosa, son elementos que afectan la capacidad interna opositora.

Juan Guaidó reune con el presidente colombiano Iván Duque y el vice presidente de los EEUU Mike Pence en Bogotá, Colombia, el 25 de febrero 2019. (The White House / D. Myles Cullen)

JMT: Tanto costó construir la MUD desde el 2006 hasta el 2012 con la primaria para la candidatura presidencial que ganó Capriles. Y se vino al piso cuando un sector relevante de la MUD trató de llevar una agenda política de calle sin medir exactamente las consecuencias. Hubo una sobreestimación de la capacidad de la gente de resistir y una subestimación de la disposición del gobierno de reprimir de forma brutal y violenta a la población. Lo que es más difícil de entender, es que luego de 2015 el camino haya sido tomar una posición aún más beligerante, en lugar de ir haciendo reformas política paulatinas.

Y la pregunta es, de fondo, ¿cuál es el proyecto alternativo de país que está ofreciendo la oposición a los venezolanos? Llegar a un acuerdo sobre eso no ha sido posible por la diversidad de esa oposición. La victoria de la oposición en 2015 lo que incentivó fue que cada partido tratase de posicionarse como el más radical, como aquel que iba a desplazar al gobierno por cualquier medio posible, buscando imponer cada uno su estrategia.

Y el tema de fondo es que, la oposición, así como el gobierno, es elitista. Las decisiones se toman de arriba hacia abajo. No hay una forma de empoderar a la gente para que de abajo hacia arriba se articule un movimiento social y político que busque la institucionalización democrática.

MJ: Exactamente, y creo que el sesgo elitista de la oposición también se ve reflejado en las alianzas que ha construido o sepultado en el tiempo. Por ejemplo, la Coordinadora Democrática, si bien se presentó como una alianza plural en la cual existían sectores de sociedad civil y partidos políticos, se trataba de una alianza en la cual las decisiones la tomaban los poderes fácticos, quienes eran los que tenían más poder. Más adelante, la MUD quizás también incurre en el mismo error de plantearse principalmente una alianza electoral y por tanto una alianza de partidos políticos. No se generan ni se cultivan realmente vínculos con sectores no-partidistas que hubiese permitido fortalecer a la ciudadanía desde las bases. Asimismo, esa dinámica de poder se reproduce en el Frente Amplio también, en el cual los partidos políticos son quienes toman las decisiones de peso en esa alianza que incorporaba sectores de la Iglesia, sociedad civil, incluso algunos chavistas disidentes. Y luego, ya llegando a los tiempos más recientes, pareciese que la figura más vertical que ha creado la oposición venezolana en su lucha por la democracia ha sido el gobierno interino. Este ha creado una serie de nuevos dilemas para la oposición y no ha logrado coordinar de manera efectiva a todos los sectores opuestos al gobierno de Maduro.

Podemos concluir que la oposición venezolana ha debilitado sus capacidades de cambio, en parte, por su propia incoherencia estratégica y sectarismo. Más allá de la importante represión de la cual ha sido víctima, no ha logrado mantener una alianza estraégica en el tiempo que logre representar una alternativa democrátca viable con un ideal de país claro. A lo largo del tiempo, en vez de abrirse para convocar a diversos votantes e incorporar a movimientos disidentes y/o sectores políticos y sociales con visiones estratégicas distintas, redujo el círuclo de toma de decisiones y se ha desvinculado de la sociedad. Incluso, vemos una dirigencia nacional alejada de sus bases en las regiones, y con ello, de las necesidades de la población. ¿Podrá democratizar la oposición sus propias estructuras? ¿Entenderá las ventajas de promover la participación, inclusión y creación de un movimiento amplio en pro de la democracia?

JMT: En el año 2021, la oposición pudo haber hecho primarias, como hizo el año pasado, con esa “consulta popular” para la continuidad administrativa, que fue todo un fracaso. Tenía recursos para llevar adelante una primaria y no lo hizo por su incapacidad de coordinarse y porque quienes están al mando de ese supuesto gobierno quieren controlar parte de los recursos en el exterior. 

Entonces estamos aquí con una oposición bastante desarticulada en un contexto de crisis de representación política importante, con un gobierno autoritario que, si bien ha abierto una pequeña rendija de participación, o por lo menos un poco menos desequilibrada que en años anteriores, sigue siendo un gobierno que inhabilita, un gobierno que persigue las organizaciones de la sociedad civil, que reprime a los medios de comunicación.

MJ: Como esperábamos, la oposición fragmentada solo ganó cuatro gobernaciones en las elecciones regionales de noviembre 2021, y no solamente por el contexto autoritario, sino precisamente por sus incoherencias internas. Es el loop eterno de la participación vs. la abstención, las estrategias maximalistas vs. las estrategias moderadas-institucionales, lo cual no le permite perfilarse como una alternativa real. Pero lo más dramático es que la oposición no logra estar preparada y coordinada justamente cuando el rechazo al gobierno de Maduro es mayor al 80 por ciento y por tanto no logra capitalizar ese descontento.

Sin embargo, vale la pena resaltar que, a pesar de todas las limitaciones impuestas por el autoritarismo, más de 117 opositores fueron electos a las alcaldías del país. Para mi, el gran protagonista de los micro cambios en el país es la ciudadanía que aun cree en el voto como mecanismo de lucha. El caso de Barinas me parece esperanzador e indicativo. La sociedad está agotada de vivir mal y expresó su descontento en las urnas. Pese a los chantajes, el clientelismo, militarización, la gente logró sacar a los Chávez del estado que había sido su feudo. Con ello demostró que el gobierno no es invencible y que la participación importa mucho. Esto significa que, a través de las gobernaciones y municipios, se puede ir construyendo una alternativa opositora democrática que regenere los vínculos con la sociedad desde sus comunidades y que desde ahí se conduzca una nueva etapa en la lucha por la democratización.


Maryhen Jiménez es postdoctoral research associate, Oxford School of Global & Area Studies, University of Oxford

Juan Manuel Trak es sociólogo de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y doctor en Procesos Políticos Contemporáneos por la Universidad de Salamanca. Fue coordinador de Investigación del Centro de Estudios Políticos de la (UCAB) (2013-2018).

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